sábado, 10 de noviembre de 2012

No es magia, es inteligencia emocional



"No es magia, es inteligencia emocional". Así terminaba Elsa Punset el programa 130 de Redes emitido el pasado domingo 28 de octubre, dedicado a "Aprender a gestionar las emociones". Apostaba por crear entornos que "potencien las emociones positivas, entre todos, día a día, en la calle, en la familia, en el trabajo".

Ciertamente, el mundo de las emociones me fascina, considero que las investigaciones de científicos como Goleman y otros muchos, están descubriendo nuevas facetas hasta ahora desconocidas, de como las personas reaccionamos, afrontamos y decidimos de forma diferente ante las circunstancias que nos rodean. 


Goleman aborda en su reciente libro "El cerebro y la inteligencia emocional: nuevos descubrimientos" aspectos realmente interesantes. El Modelo de Goleman presenta cuatro  elementos: Autoconciencia, Autogestión, Conciencia social y Gestión de las relaciones. Como vemos, las dos primeras hacen referencia a la competencia personal, y los dos últimas a la competencia social. Nos explica que la vida laboral está repleta de situaciones dramáticas, lo que exige gestionar ese estrés constante que puede convertirse en auténtica angustia. Identifica el denominado "secuestro amigdalar", que al sufrirlo no podemos concentrarnos en nuestro cometido, sólo pensar en lo que nos agobia. Tiene cinco grandes detonantes en el mundo laboral:
  • Ser objeto de condescendencia y falta de respeto. 
  • Recibir un trato injusto. 
  • No sentirnos valorados. 
  • Tener la impresión de que no nos escuchan. 
  • Vernos sometidos a calendarios poco realistas. 

¿Les suenan estos cinco detonantes? Creo que todos nos hemos podido encontrar en alguna situación parecida. Y en cambio, qué diferentes reacciones presentamos. La clave parece estar en la gestión de las emociones, y en las herramientas de respuesta que hayamos interiorizado y que nos ayudan a superar esos "secuestros". Una de las herramientas que propone Goleman es la empatía. Ponerse en el lugar del otro nos puede resolver tantos conflictos como situaciones comprometidas nos encontremos. Dentro de las competencias de la inteligencia emocional, la empatía es la aptitud básica de la conciencia social. Nos haría tanto bien a las personas aprender a percibir lo que piensan y sienten los demás sin que nos lo digan con palabras. En el trabajo, en la empresa, la empatía debemos considerarla como una gran aliado en el desarrollo de unas relaciones personales y sociales satisfactorias. Me gusta referirme a las tres clases de empatía, que de forma conjunta o aislada podemos reconocerlas en las relaciones personales que afrontamos en el trabajo:

  • Empatía cognitiva: aquella por la que conocemos como ve las cosas el compañero de trabajo. Por ejemplo, en los puestos de trabajo donde la atención al público es fundamental, este tipo de empatía es una competencia muy valorada.
  • Empatía emocional: aquella que nos permite descubrir la sintonía y compenetración con otras personas. Esta empatía es fundamental en aquellas empresas en las que trabajar en equipo es una competencia organizacional. 
  • Preocupación empática: Es aquella habilidad que te permite darte cuenta de lo que le sucede a otra persona. Los trabajadores y  directivos que desarrollan esta competencia son personas muy consideradas, favorecedores de un clima laboral satisfactorio y enriquecedor, y en donde el compromiso encuentra un "campo abonado".

Considero que estamos ante una competencia de gran importancia, el aprendizaje emocional. La buena noticia para las empresas es que, como tantas otras habilidades, se pueden mejorar y reforzar. En definitiva, podemos aprender a percibir las emociones con los que trabajamos. Esto nos ayudará a desarrollar desempeños más eficientes.

Las empresas están asumiendo nuevos criterios empresariales respecto a cómo se debe valorar la inteligencia emocional. Así podemos destacar determinados procesos básicos de recursos humanos en los que la Inteligencia Emocional no se contempla como algo extraño, sino como una nueva forma de comprender a las personas y los procesos en los que participan, a saber, el aumento de compromiso de los trabajadores, los procesos de negociación colectiva, las relaciones interpersonales dentro de los grupos de trabajo, la motivación de los empleados, un nuevo tipo de liderazgo, la selección de personal, etc. El caso es que sabiendo lo que ya se sabe de la Inteligencia Emocional, que ya no son teorías, sino que hay evidencias científicas, pues la neurociencia está revolucionando la manera de entender los comportamientos humanos, la Inteligencia Emocional debe ser muy tenida en cuenta en las empresas. 

Otro ámbito en el que la Inteligencia Emocional cobra una relevancia especial es en la gestión de los conflictos. Hay quien dice que hablar de gestión de conflictos implicar saber conocer y entender las emociones. En otra ocasión analizaremos la gestión de conflictos de forma especial, donde podremos explicar hasta que punto los conflictos es consecuencia de las emociones. 

Eduardo Punset nos dice que uno de los mejores consejos emocionales para el desempeño profesional y en todos los ámbitos de la vida que ha recibido es el siguiente:

"Debemos aprender a gestionar las emociones, de acuerdo. Sin reprimirlas, de acuerdo. Pero también sin dejarnos que nos tomen de rehenes".

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