lunes, 21 de mayo de 2012

Motivación trascendente




Si hay un tema que disfruto especialmente cuando lo explico a mis alumnos de Dirección de Recursos Humanos y Habilidades de Dirección, ese es el de la motivación. Hablando de personas, de sus competencias, de sus habilidades, referirse a la motivación es acercarnos a lo que las mueve. Por tanto, es un tema capital. Me gusta referirme a la motivación como la fuerza interior que determina en las personas la necesidad latente de mostrar un comportamiento dirigido hacia la consecución de sus objetivos.

Hay quien acertadamente relaciona la motivación con la vocación. Yo participo de esta relación. Tener una vocación significa descubrir que la vida tiene un significado. Una vocación da una dirección a la vida, una energía poderosa para extender la mano a los nuevos horizontes. Significa que nosotros nos motivamos totalmente; nosotros tenemos una razón para ser lo que somos, y haciendo lo que hacemos con la alegría, el optimismo y la convicción de que somos valiosos.

Recuerdo las muy oportunas palabras que el Papa Benedicto XVI dice que su Encíclica Spe Salviel presente aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino”. El Papa nos da a entender que a pesar de las dificultades, es necesario tener una meta, y si esa meta es lo suficientemente grande, justificará el esfuerzo. Aparecen los elementos fundamentales en el proceso motivacional de las personas: esfuerzo personal, una meta u objetivo y una necesidad o carencia que nos mueve a actuar.

Por tanto, nos podemos plantear la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que nos mueve a las personas a luchar en la vida?

En primer lugar tenemos la motivación que viene de fuera, la comúnmente llamada motivación extrínseca; esta motivación, como su propio nombre nos indica, nos viene de factores externos a nosotros. El afecto o la seguridad que se nos da cuando crecemos son ejemplos de motivación extrínseca, como también lo es el trabajo que realizamos, el dinero que recibimos de la empresa y que nos incentiva a trabajar.

La motivación intrínseca es aquella por la que nosotros mismos nos esforzamos y nos ponemos nuestras metas. Todos tenemos muchos ejemplos propios o cercanos en los que la motivación intrínseca ha sido protagonista: el estudiante que justifica sus buenos resultados académicos con la cantidad de esfuerzo que le ha puesto, y no con la suerte o con factores externos, el trabajador que es cumplidor, riguroso en su trabajo, leal con la empresa, colaborador con los compañeros, el padre de familia que necesita sacar adelante a sus hijos, el trabajador que desea alcanzar un desarrollo personal y profesional.

Por último, es la motivación que suele pasar inadvertida, ya que no es habitual mencionarla, me refiero a la motivación trascendente. Esta motivación no es para nosotros, sino para los demás. Las personas que viven con esta motivación como filosofía viven para ayudar a los demás, en el día a día, dedicando lo mejor de sí en sus obligaciones y responsabilidades. La motivación trascendente viene a ser aquel impulso que mueve a las personas a actuar por las consecuencias de sus acciones para otras personas. O, dicho de otra forma, que les impulsa a actuar para servir a los otros. Lo que diferencia a esta motivación es que las necesidades que la acción busca satisfacer son necesidades de personas distintas de aquella que realiza la acción. A esta motivación nos referimos frecuentemente cuando hablamos de generosidad o espíritu de servicio. Esta motivación recoge el hecho de que un ser humano no es indiferente a las necesidades o las satisfacciones de los otros seres humanos. Contrariamente a lo que se pueda pensar de una sociedad aparentemente tan volcada al egoísmo, lo cierto es que la motivación trascendente es una fuerza de bastante intensidad dentro de los seres humanos. Otra cuestión será que la sociedad la tenga adormecida ¿Será algo pretendido? Muchas veces necesitamos que nos “despierten”, necesitamos modelos, necesitamos ejemplos que seguir.

Estos tres tipos de motivación se pueden relacionar por el horizonte temporal por el que se ven afectados. A saber, la motivación extrínseca se relaciona con el corto plazo, si conseguimos ese merecido aumento de sueldo que llevamos tiempo negociando o esperando, pero una vez conseguido sus efectos motivadores se desvanecen en poco tiempo, la motivación intrínseca se vincula mejor con el medio plazo, ese objetivo que nos hemos planteado conseguir, como por ejemplo, el nombramiento de una jefatura de departamento largamente trabajada, terminar la carrera universitaria, etc. Finalmente, la motivación trascendente se relaciona con el largo plazo, pues sólo las cosas verdaderamente importantes, las que prestamos atención a los susurros de nuestra alma, son las que nos hace movilizarlos en un horizonte largo, las que nos hace dirigirnos hacia comportamientos menos egoístas y por tanto, nos hace tomar conciencia de lo que somos, permitiendo no solo mejorar nuestro entorno personal y laboral, sino transformarlo. Esta motivación trascendente nos hace recorrer caminos para abordar la vida y el trabajo desde la generosidad, la confianza, la actitud de servicio y que nos hace conquistadores de grandes proyectos.

En pleno contexto económico influido por una brutal ola de pesimismo, son más necesarias que nunca fuerzas interiores que huyan del egoísmo rampante que todo lo invade. Son necesarias actitudes valientes que apuesten por la generosidad como un valor necesario en una sociedad deseosa de nuevos valores. Cuando la “meta es tan grande que justifique el esfuerzo”, la motivación trascendente debe ser un elemento necesario en las personas para hacer frente a un escenario económico tan difícil, “un presente fatigoso” como el actual, pero al que las personas tenemos el deber de hacerle frente adecuadamente, y la motivación trascendente, será un valioso aliado.

6 comentarios:

  1. Muy buen artículo
    Hacía tiempo que no leía un texto tan enriquecido, tan profundo y tan actual.
    Muy bien elaborado, que puedo agregar?
    Me encantó.
    Ojalá todos tuvieran ojos para ver, oídos para escuchar, y alma para trabajar en pos de un mundo mejor.
    Gracias por este maravilloso artículo.

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  2. Gracias Inés por tus amables comentarios. Ciertamente, la motivación que nos lleva a posiciones personales alejadas del egoísmo y del interés particular ofrece recompensas mucho mayores. La generosidad, el servicio, el bien común no deberían ser cuestiones tan excepcionales. Deberíamos valorar la enorme fuerza que despliegan y el bienestar emocional que proporcionan.

    Un cordial saludo.

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  3. Estoy dando clases para la universidad y en temas de liderazgo y motivacion me tope con muchos articulos pero ninguno como este, es muy enriquecedor muy pocos hablan de la motivacion tracendente te agradezco tocallo este articulo me das una excelente herramienta para compartir con mis muchachos.

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  4. Muchas gracias por tu comentario. Ciertamente la motivación trascendente es poco mencionada. Pero merece la pena destacarla como fuente de inspiración, de fuerza interior y de servicio. En definitiva, la motivación trascendente nos muestra muchas claves del comportamiento y actitud de personas cuya vocación pasa por encontrar un significado a su vida, y en el trabajo esta perspectiva puede llegar a ser sumamente gratificante.

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    1. Estimado Javier:

      Muy bueno su articulo. Lo felicito!.

      De que bibliografia ha sacado tan buenas conclusiones sobre la motivación trascendente ?

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    2. Muchas gracias por tu comentario.
      La motivación es un tema apasionante, que siempre nos sorprende. Presenta tantas posibilidades y matices como personas. Por eso despierta tanto interés, por eso es tan importante. A su vez, la motivación transcendente nos acerca a espacios donde residen los valores, los sentimientos, los motivos más profundos de una persona.
      Respecto a la bibliografia, es mucha y variada la que trata sobre motivación. Son muchas lecturas, muchas citas, muchas conclusiones. Específicamente, me parecen especialmente interesantes los textos de la Doctrina Social de la Iglesia, que contiene valiosas enseñanzas sobre tantos ámbitos en los que la persona debe ser el centro y el actor principal.

      Un cordial saludo

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