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lunes, 13 de marzo de 2023

Auctoritas para España


En tiempos de crisis por tantas circunstancias, España necesita auctoritas.

Los vocablos auctoritas y potestas constituyeron la piedra angular sobre la que se asentaba el funcionamiento de la civilización romana. La tradición romana define a potestas como una fuerza que emana de la legitimidad otorgada por la sociedad civil y la auctoritas como la distinción de determinadas personas basada en una serie de características morales e intelectuales que las destacan del resto. La película Gladiator muestra perfectamente estas dos maneras de ejercer la autoridad y el poder. Al término de una pelea desigual, Cómodo y Máximo –emperador y gladiador, respectivamente– caen muertos en la arena del Coliseo romano. Tras la pública reivindicación de Máximo como leal general romano de Marco Aurelio, su cuerpo fue levantado por el senador Graco con la ayuda de la guardia romana, mientras que el cadáver del emperador queda abandonado en el suelo del Coliseo romano. 

En estos días donde las noticias en España se amontonan sobre muchas materias que son parte fundamental de nuestras conversaciones, en donde los titulares de los medios de comunicación destacan numerosos asuntos en los que la preocupación social va en aumento (perspectivas económicas, casos de corrupción, desempleo, consecuencias indeseables de leyes mal formuladas, etc.), se echa en falta autoridad, confianza y visión. La guerra en Ucrania no vislumbra un final, la inflación está sin control, los precios de la luz, del gas y la gasolina mantienen niveles muy preocupantes, y los bienes básicos de la cesta de la compra están disparados. Ante este panorama, se hecha en falta una clase política dirigente más preparada, con mayor capacidad de gestionar los graves asuntos pendientes presentes y futuros.

Ya en la Roma clásica existían tres maneras de diferentes de interpretar el poder: imperium, auctoritas y potestas. Mientras que el primero era un poder absoluto ejercido fundamentalmente por cónsules, si me parece muy importante hablar de los otros dos: la “potestas” era el poder político que imponía sus decisiones mediante la coacción y la fuerza y que devenía del cargo ostentado. Por el contrario, la “auctoritas”, era más un poder moral que se basaba en el reconocimiento y prestigio de una persona; es decir, a priori no era un poder vinculante, pero sí socialmente reconocido e influyente. La “auctoritas” era una forma de legitimación social que procedía del saber, de la valía, una capacidad moral para emitir opiniones cualificadas que eran valoradas por la comunidad. 

Vivimos una etapa histórica caracterizada por la crisis social, económica y de valores. Los países que acudan a verdaderos líderes (“auctoritas”) y den la espalda a “potestas” (gobernantes politizados y autoritarios), serán los que saldrán mejor y más reforzados de esta situación. Por desgracia, abunda la ausencia de liderazgo y se recurre con frecuencia al "ordeno y mando”. Su “potestas” viene de la jerarquía, pero ahora se necesitan dirigentes merecedores de respeto y admiración.

Esta situación no se soluciona poniendo la ideología partidista y la polarización de la sociedad como ejes de una acción de gobierno. Es necesario recuperar el espíritu de la Transición, remar todos en la misma dirección y dejar a un lado la confrontación política permanente. En su libro “En busca de respuestas”, el ex Presidente del Gobierno de España, Felipe González, menciona la importancia del liderazgo basado en el “auctoritas” más que en el “potestas”.

En necesario, pues, tomando como referencia a Aristóteles, recuperar los elementos clásicos que deben tener los gobernantes que lideran nuestro futuro común: en primer lugar, el “ethos”, es decir, la credibilidad, el conocimiento, la actitud y el carisma, que empatice con los ciudadanos. En segundo lugar, el "pathos", que se refiere a la efectividad de las palabras, es decir, a la capacidad que éstas tienen para provocar emociones y pensamientos entre los ciudadanos. El gobernante debe comunicar de forma memorable, para así llegar a convencer. Para ello será primordial, la honestidad, decir la verdad, ser vulnerable y cercano, conectar con las personas. En tercer lugar, el "logos", son los elementos que aportan veracidad a los argumentos. Para no caer en la charlatanería, se necesitan datos para aportar fiabilidad y rigor que respalde lo que se dice y hace. Por tanto, credibilidad, honestidad y fiabilidad.

Es el momento de recuperar y fomentar el “auctoritas” para España. La autoridad debe ser consecuencia del saber, de la experiencia, de la competencia, del ejemplo que guía y convence, al servicio del bien general de España. La sociedad demanda equilibrios, acuerdos, mutuas concesiones, una tarea ardua pero necesaria. Para ello es preciso que las instituciones y sus gobernantes actúen desde la mesura, la tolerancia, la verdad y el bien común, con "auctoritas".

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Los saberes para dirigir


“Una organización es la sombra del que la dirige”
Pascual Montañés

Se suele decir que el liderazgo es la capacidad de transformar la visión en realidad. Por eso, ser líder no significa tener un cargo formal, es independiente de las estructuras formales. Gracias a sus capacidades de liderazgo, una persona puede acceder a puestos mas relevantes e importantes. La existencia de uno o varios líderes en las organizaciones es muy importante, porque son estas personas las que son capaces de conseguir el esfuerzo extra por parte de sus subordinados. El líder debe ser un estimulador, un guía, porque él es fundamental para la buena marcha de una organización. 

El desempeño eficiente de la dirección requiere talento especializado, conjugar de forma inteligente tanto el análisis como la intuición, así como, entre otras muchas cosas (roles, habilidades, competencias y actitudes), coordinar y comunicar a equipos y personas. Es un proceso tan amplio y complejo que se suele identificar como un arte, el arte de dirigir. Implica confianza en el líder y eso no es un proceso fácil. Las personas que ejercen la dirección tratan como prioridad el asegurar la consecución de determinados objetivos, unas metas a alcanzar, así como obtener un eficaz funcionamiento de sus ámbitos organizativos.

La habilidad en el arte de dirigir es el proceso de orientación de los miembros de una organización para obtener un fin, pero con disposición y entusiasmo. Son elementos básicos: la capacidad para influir en las creencias o en las acciones de las personas, el talento para entender a los demás, la capacidad de inculcar comportamientos y actitudes, asumir que es más valioso influir que mandar, y finalmente, ser capaz de crear un clima favorable y estable en la organización. Dirigir consiste en traducir objetivos corporativos en comportamientos individuales y, en ese proceso,  hacer emerger lo mejor de cada persona para ponerlo al servicio de la organización.

Koontz y O’ Donnell, refiriéndose a la habilidad en el arte de dirigir personas destacaban cuatro elementos:
  • La autoridad y el poder del líder: Es la capacidad para influir en las creencias o en las acciones de las personas. No sólo implica la competencia para ordenar lo que se debe hacer, sino también, para influir en cómo se deben llevar a cabo sus instrucciones. La autoridad emana por la posición que el individuo ocupa en la estructura teniendo la última palabra en la toma de decisiones que afectan a otros.
  • Comprender a los subordinados: Dirigir debe implicar capacidad para entender a los subordinados, que como personas tienen dispares motivaciones y expectativas, de acuerdo a su personalidad, su historia personal y su experiencia laboral.
  • Inspirar a los seguidores: Inculcar comportamientos y actitudes en los subordinados con la finalidad para que apliquen todas sus capacidades en la realización de un proyecto común. 
  • El estilo y clima que crea el líder: Estos aspectos son fundamentales en la creación de una determinada cultura empresarial, tanto dentro del grupo, como en el entorno con el que se relaciona.

Dirigir no es fácil, pero podemos contribuir a que no sea una tarea imposible. A modo de decálogo, los "saberes" fundamentales para su desarrollo efectivo pueden ser los siguientes:
  1. Saber gestionar expectativas y percepciones. Conociendo las expectativas podemos intervenir gestionando e influyendo en sus percepciones, consiguiendo una mayor satisfacción. Hace comentarios positivos sobre el desarrollo de los demás. Se refiere a las habilidades actuales y futuras y/o el potencial para aprender, incluso en casos difíciles. Cree que las personas quieren y pueden aprender para mejorar su rendimiento.
  2. Saber asignar responsabilidades. A través de procesos de delegación y de empowerment, que permitan un mayor compromiso e implicación de los colaboradores. La función del directivo líder es delegar porque su función es gestionar a través de otros.
  3. Saber exigir resultados. La obtención de objetivos y logros es consustancial al proceso de dirección. Exigir resultados implica valorar el trabajo que se realiza, y por tanto, saber reconocer y recompensar adecuadamente.
  4. Saber ayudar, facilitar y enseñar. La vocación de servicio forma parte de la actuación en el proceso de dirigir. Proporciona formación, o experiencias en el trabajo que sirvan para adquirir nuevas capacidades o habilidades. Hace que las personas lleguen a la solución de los problemas en lugar de darles simplemente la respuesta.
  5. Saber comunicar. Una comunicación fluida y sincera nos hace accesibles y permitirá conectar, transmitir y orientar ideas, proyectos e ilusiones. Según Ferran Ramon-Cortés, las cinco claves para una comunicación memorable comunicar es ofrecer un único gran mensaje, explicado de forma memorable, con un lenguaje que conecte, teniendo en cuenta que el mensaje que cuenta es el capta la gente, invitando en lugar de intentando convencer. Y  todo esto, siendo capaz de llegar a las emociones.
  6. Saber persuadir. Para persuadir se requieren cualidades de simpatía y don de gentes, para generar lealtad y compromiso por parte de los seguidores. La persuasión y la influencia genera mejores resultados que el mando. El reto de dirigir es generar contextos creativos y estimulantes donde las personas puedan probarse, puedan retarse, puedan hacer. Cuando te enfrentas a la acción, es cuando demuestras que eres capaz de hacerlo. La capacidad para persuadir es un arte, un don de gentes, que con carisma y elocuencia, afrontan el reto básico del liderazgo: conseguir que se haga algo a través de otras personas.
  7. Saber generar entusiasmo e ilusión. Generar un clima adecuado en el que se trabaje con ilusión, energía y optimismo provoca una motivación que se convierte en una verdadera palanca para la consecución de los objetivos.
  8. Saber ser ejemplo. El comportamiento y las actitudes del líder son el espejo en el que se fija el equipo o la organización. No exigir lo que no se hace. Ya lo decía Miguel de Cervantes "El ejemplo es la más irresistible seducción".
  9. Saber crear equipo. Hacer realidad la verdad de la sinergia, que el trabajo colectivo es mayor que la suma de las individualidades. Para ello es necesario crear el ambiente y espacio propicio que el equipo funciones al mas alto nivel, considerado su diversidad y complementariedad.
  10. Saber ser humilde. Frente al líder arrogante que hace valer su cargo (Potestas), aparece el líder humilde (Auctoritas) cuyo reconocimiento por el equipo es el resultado de su trabajo, esfuerzo, constancia y modestia. Martin Serigman considera que la humildad en el líder se caracteriza por una conciencia profunda de nuestras habilidades; por la capacidad de reconocer nuestros errores, deficiencias, límites; por la apertura a nuevas ideas, sugerencias contradictorias; por un enfoque no exclusivo sobre nosotros mismos y por la capacidad de apreciar la contribución de los demás.


sábado, 23 de febrero de 2019

El liderazgo de España



“Oh Patria! Cuántos hechos, cuántos nombres;
cuántos sucesos y victorias grandes...
Pues que tienes quien haga y quien te obliga,
¿Por qué te falta, España, quien lo diga?”
Lope de Vega

Se avecina todo un maratón de elecciones en los próximos meses y será bueno pensar en el bien de España: su presente y su futuro, sus fortalezas y oportunidades, sus debilidades y amenazas. Cuando las oportunidades se presentan cabe preguntarse si estamos preparados para afrontarlas con la determinación y confianza necesarias. Ciertamente el horizonte de los próximos meses para España son una oportunidad para reivindicarse como nación, para sentirse orgulloso de ser españoles. Y es que sobran motivos para el optimismo, frente a tanto catastrofismo y negacionismo de lo que somos y de lo que hemos sido capaces de hacer. Y peor aún, de lo que seremos capaces de conseguir. Nuestro Rey apela continuamente a este sentimiento, a reconocer nuestro legado histórico y a valorar lo mucho que podemos conseguir si permanecemos unidos.

España es un claro ejemplo de liderazgo. Líderes son aquellos que son capaces de movilizar y entusiasmar a sus seguidores, para que con implicación y compromiso, sean parte del proyecto compartido. Un breve repaso de ejemplos de ese liderazgo ofrece las grandes fortalezas de lo conseguido:
  • Política: España como modelo de transición política, que es considerada mundialmente como  ejemplo de convivencia y consenso, de reconciliación y pacto. 
  • Deportes: España cuenta con equipos de fútbol como el Real Madrid y el Barcelona que tienen seguidores y aficionados en todo el mundo, o con tenistas como Nadal, que es una de las leyendas de tenis mundial, o a la joven Carolina Marín que ha puesto a España en la cima del bádminton.
  • Turismo: España cuenta con una impresionante muestra de historia y patrimonio. Nada menos que 15 ciudades españolas han sido declaradas por la Unesco como Ciudades Patrimonio de la Humanidad, Córdoba entre ellas, convirtiéndose en el tercer país del mundo con más lugares declarados Patrimonio de la Humanidad. Además, es el primer destino del mundo en turismo vacacional, y continúa manteniendo el primer puesto mundial en banderas azules sobre playas. 
  • Historia: España es sinónimo de riqueza histórica, representa todo un valioso legado que explica lo que somos. Conquistadores, militares, reyes y héroes de muchas épocas que son un referente para entender lo que somos.
  • Gastronomía: España cuenta con una enorme riqueza gastronómica de sus diferentes comarcas, un gran atractivo reconocido por millones de turistas que nos visitan cada año.
  • Clima y Naturaleza: España cuenta con un clima envidiable y ocupa el tercer puesto mundial en Reservas de la Biosfera, y entre ellas el Parque de Doñana, la mayor reserva biológica de Europa.
  • Idioma: España tiene la segunda lengua más hablada del mundo, y sus escritores como Cervantes, Quevedo, Góngora, etc., son representantes de lo mejor de la literatura mundial.
  • Religión: España ha sido cuna de grandes santos y doctores de la Iglesia Católica: Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, etc. son algunos de los referentes para la Iglesia y la humanidad y han puesto a España en la cima de la religiosidad popular.
  • Sanidad:  España cuenta con una de los mejores sistemas de salud del mundo, lo que explica el llamado turismo sanitario. Además España se sitúa desde hace 26 años como líder mundial de donaciones y trasplantes de órganos.
Los españoles somos poco atrevidos a valorar lo conseguido, a reconocer los méritos y a destacar los logros alcanzados. Ciertamente los españoles tenemos un concepto de nosotros mismos inferior a la que tienen fuera de nuestras fronteras. Esta percepción viene de lejos, pues arrastramos creencias negativas y complejos que nos perjudican y lastran a la hora de reconocer lo mucho que se ha conseguido. La baja autoestima como país influye negativamente en nuestro desarrollo individual y colectivo como sociedad. Como dice Lope de Vega en su famosa cita, seamos los españoles los primeros y orgullosos defensores de lo que somos, de lo conseguido y de nuestros héroes. En definitiva, España cuenta con fortalezas y oportunidades que hacen que su liderazgo sea un motivo de orgullo y reconocimiento.

Nuestro Rey apela continuamente al liderazgo de España, a sentirnos orgullosos de lo conseguido, del magnífico trabajo realizado que confirma una vez más a España como una nación con vocación y capacidad de liderazgo, como un socio responsable, fiable y leal con los compromisos internacionales asumidos. Apela a alimentar la maltrecha autoestima nacional, tan empobrecida durante tanto tiempo, afirmando: “Tenemos capacidad y coraje de sobra. Tenemos el deseo y la voluntad y hemos de sumar la confianza en nosotros mismos. Esa es la clave de nuestra esperanza en el futuro, la clave para recuperar el orgullo de nuestra conciencia nacional.”

Recuperemos pues, en este momento histórico para España, en la que los ciudadanos tienen una vez más la palabra para decidir, aquello que Ortega y Gasset defendía en su "España invertebrada", planteando a la nación, a España, como un proyecto común, la verdadera clave de su liderazgo:
"En toda auténtica incorporación, la fuerza tiene un carácter adjetivo. La potencia verdaderamente substancial que impulsa y nutre el proceso es siempre un dogma nacional, un proyecto sugestivo de vida en común. Repudiemos toda interpretación estática de la convivencia nacional y sepamos entenderla dinámicamente. No viven juntas las gentes sin más ni más y porque sí; esa cohesión a priori solo existe en la familia. Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo".

sábado, 2 de febrero de 2019

El político eficaz



"La vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti"

Adolfo Suárez


El político es en la actualidad una pieza clave en el diseño y ejecución de las políticas públicas. Más allá de su rol como impulsor entre directivos públicos, trabajadores públicos y ciudadanía, el político influye, a través de sus decisiones y acciones, en los objetivos de las organizaciones que dirige. El político lidera la selección de programas, de objetivos y alinea valores, y es clave para superar las inherentes complejidades del sector público. Ciertamente, el liderazgo del político será un factor clave para el éxito organizativo, la efectividad y el desempeño de cada administración pública.

La relación entre liderazgo y dirección inicia sus pasos en el sector privado, basándose en los rasgos psicológicos y personales del líder: logros, energía, ambición, tenacidad, autoconfianza, creatividad o flexibilidad. Posteriormente ha tenido un amplio desarrollo en diferentes teorías o modelos del liderazgo. En cambio, en la gestión pública existe un cierto subdesarrollo de esta disciplina, vinculado tanto al debate normativo sobre el rol del directivo público como a las dificultades técnicas para el estudio del liderazgo.

El político eficaz en un alegato a favor de un liderazgo ético en el que las personas ocupan un lugar preferente en la política. Las personas son la base de un país, de las empresas, de los equipos, de las decisiones, de los proyectos. Es una apuesta por definir un modelo de político exigente en los resultados pero comprometido con las personas que los posibilitan. Ciertamente, el ser humano es lo más valioso que tiene cualquier organización, pero también lo más complicado de dirigir. Esta afirmación, encierra todo un mensaje de por donde debe transitar la gestión, el desempeño de un gestor, ya sea político o directivo. Es decir, una gestión que se fija en las personas para poder liderar un proyecto ilusionante, compartido entre todo el equipo de colaboradores, pero a la vez, una gestión que no se esconde ante la dificultad de dirigir personas para alcanzar proyectos ambiciosos.

Si se pudiera inventariar los elementos que configuran el perfil de un buen político y gestor, se trataría de una radiografía de cuáles deben ser las actitudes y aptitudes que debe poseer un político si quiere conseguir que su gestión pueda llegar a ser eficaz. Estos elementos constituyen todo un plan de acción para el que quiera afrontar la difícil tarea de ser un político eficaz. Son todo un conjunto de habilidades, virtudes y fortalezas. El político eficaz está permanentemente tomando decisiones para cumplir con sus objetivos. Por tanto, es la toma de decisiones la actividad que mejor define la función política, y en la que se involucran necesariamente a las personas. En este sentido, la tarea del político eficaz está identificada con los cuatro elementos siguientes:
  • Generador de decisiones: su responsabilidad radica en que debe tomar las decisiones adecuadas mediante el empleo de técnicas y la aplicación de los criterios necesarios para alcanzar los objetivos propuestos.
  • Gestión de personas: su responsabilidad es lograr que las personas a él encomendadas hagan lo que tienen que hacer, en el momento en que lo tienen que hacer y de la manera como se debe hacer.
  • Coordinador de procesos: su responsabilidad es que las diferentes áreas funcionales se ensamblen de tal manera que se obtenga una unidad coherente y orientada hacia un objetivo común.
  • Visión fuerte y convincente: el desarrollo de la visión es una de las habilidades más importantes en el político, que conoce el rumbo que quiere seguir, que tiene proyecto. Los políticos con visión son personas de ideas y forjadores de conceptos.
Como conclusión, frente a la tendencia de la política que trata de privilegiar logros y realizaciones, en conceder mayor valor a aquello que ha conseguido que a la manera de hacerlo, el político eficaz alcanzará el éxito cuando encuentre el equilibrio entre la eficacia de los resultados y la calidad de la gestión y optimización de los recursos, a través del despliegue de todo un inventario de habilidades, actitudes y fortalezas personales. En consecuencia, se puede decir que para ser un buen político, un político eficaz, es, en parte ciencia y en parte arte.

Liderazgo, preparación técnica, ejemplaridad, motivación, sacrificio, capacidad de negociación, integridad personal, visión, etc. El buen político no nace, sino que se hace. El buen político raramente sale de "fábrica" con las virtudes que harán de él un político ideal. Será aconsejable, imprescindible en determinadas responsabilidades, acumular una trayectoria profesional de éxito como directivo de empresas, lo que le permitirá no concebir la política como una profesión sino como un verdadero paréntesis profesional de servicio público y vocación al bien común, en el que tomar decisiones difíciles será la norma y la horma del político eficaz, frente a las decisiones fáciles y cómodas, propia de otros políticos que no merecen tal responsabilidad.

martes, 17 de octubre de 2017

Cataluña: cuando liderar no basta





"Grande es aquel que para brillar, no hace falta apagar la luz de los demás"
Eduard Marc Show
"El precio de la grandeza es la responsabilidad"
Wiston Churchill


Se han dicho tantas cosas sobre el liderazgo que ciertamente es un concepto sumamente complejo y por tanto, poliédrico. Hay tantos tipos de liderazgos como autores lo han estudiado. Me gusta referirme al liderazgo como un proceso a través del cual las personas influyen en otras motivándolas a conseguir objetivos y metas superiores. La persona que ejerce el liderazgo se diferencia de los demás miembros de un grupo o de la sociedad por ejercer mayor influencia en las actividades y en la organización de éstas. Se puede afirmar que con el liderazgo se adquiere status al lograr que el grupo o la comunidad alcancen sus metas; así mismo, le corresponde distribuir poder y responsabilidad entre los miembros de su equipo. Esta capacidad de distribuir responsabilidades juega un papel importante en la toma de decisiones y, por lo tanto, en el apoyo que el grupo le otorga, ya que el líder logra integrar e inspirar alrededor de una visión común o compartida. De esta manera no habrá duda de que el equipo seleccionado hará lo necesario dentro de su responsabilidad para llegar a la meta, e incluso, superar las expectativas planteadas. 

Con este planteamiento, el liderazgo se ve como un proceso capaz de alcanzar lo inalcanzable, en donde las metas por muy elevadas que sean, no son obstáculos sino oportunidades de crecimiento para seguir avanzando hasta alcanzarlo. Todo muy bonito..., pero a veces la realidad es muy tozuda, y las capacidades y competencias de liderazgo por muy excelentes que sean resultan insuficientes. Estamos ante escenarios o situaciones en los que liderar no basta....

La compleja situación de Cataluña pudiera ser ese escenario en el que liderar no basta. La deslealtad manifiesta de los gobernantes catalanes hace que sean precisos y necesarios otros elementos para solucionar este grave conflicto para España. El liderazgo del Presidente Rajoy no basta para por si sólo desarrollar las fundamentales decisiones que exige un problema de tanta magnitud. Me estoy refiriendo a que el desafío secesionista ha llegado tan lejos que exige una respuesta no de un líder sino de un Estado, no de un partido sino de la amplia mayoría de partidos. Exige por tanto una respuesta global, abordando los elementos estructurales que han provocado el problema: permisividad en el incumplimiento de la ley, el adoctrinamiento ideológico en la educación durante décadas y que no se garantice el derecho de muchos alumnos a una educación en castellano libre de injerencias nacionalistas, etc.

Por ello, una vez más son necesarias verdaderas políticas de Estado en asuntos capitales, que canalicen y reconduzcan los verdaderos problemas de España por cauces adecuados, sin forzar salidas cortoplacistas basadas en el interés partidario y el cálculo electoral, y no en el interés de España. Es pues esta una verdadera asignatura pendiente de la democracia española, de los grandes partidos nacionales. Estamos ante una oportunidad histórica, como en el inicio de la Transición, en el que el pacto y el deseo de sentar las bases de un Estado democrático hicieron de España un modelo a seguir, un modelo de transición de una Dictadura a la Democracia. Ahora es otro momento decisivo, en el que la voluntad de fortalecer España quede por encima de los intereses partidistas, y debe ser la voluntad de acuerdo y consenso la que permita sentar las bases de una nueva Transición, que ponga freno a los desafíos y egoísmos independentistas. Es la hora de España. Ha tenido que producirse el más grave atentado contra la soberanía nacional para que se reaccione. Esperemos y confiamos que sea en la dirección correcta. Cuando el liderazgo no basta, aparece la responsabilidad de todos.

martes, 30 de mayo de 2017

Jefes que crecen


El jefe maneja a la gente; el líder la prepara. El líder conoce a cada uno de sus colaboradores, los trata como personas, no los usa como cosas
Miguel Ángel Cornejo

Se suele decir que los malos jefes ahuyentan el talento. Estoy de acuerdo, pero también comparto la idea de que para crecer como directivos, primero se crece como persona, y para ello se necesita partir de una autocrítica permanente, desarrollar la capacidad de evaluar con frecuencia y profundidad el propio comportamiento, reconociendo en su justa medida tanto los aciertos como los errores personales.

Ser jefe no es fácil, exige una actitud permanente de mejora, orientación al logro y de reinventarse continuamente. Ello provoca en los subordinados respuestas muy diversas, como cuando se deja de confiar en su capacidad como jefe, por sus conocimientos, su manera de tomar decisiones, su estilo de liderazgo, etc., o bien por su manera de ser (carácter, malas formas, falta de integridad y ética, etc.). En cambio, un buen jefe debe ser capaz de crear ilusión, empuje, capacidad para generar optimismo, así como ser perseverante para obtener los mejores resultados en una organización que espera lo mejor.

Un buen jefe debe ser un atinado intérprete de la realidad, moderador de esfuerzos y recursos y guía en un entorno cambiante y complejo sometido a la incertidumbre del futuro. Por ello, su tarea consiste en encontrar la respuesta más adecuada en cada momento, manejándose con optimismo,  promoviendo un diálogo permanente con el propósito de asegurarse que el sentido común, los objetivos y las metas de la organización sean uniformes dentro del equipo. 

El principal obstáculo para el desarrollo de un clima que favorezca el crecimiento entre directivo y subordinado es la falta de confianza. Cuando el jefe demuestra que confía y da libertad para actuar según criterios propios, el subordinado se siente más realizado en su rol, aumenta su autoestima y percibe que tiene un papel más activo en su propia carrera profesional. De esta manera, las empresas que están orientadas hacia un propósito y una visión sostenibles en el tiempo y no sólo a los beneficios a corto plazo, demandan nuevos estilos de dirección, una nueva manera de gestionar personas.

Los tiempos cambian aceleradamente y las nuevas generaciones son cada vez más exigentes. Tienen menos miedo al jefe ni dificultad en decir los problemas con claridad. Precisan participación y que el jefe les haga partícipe de los objetivos a conseguir. También demandan una habilidad muy destacada: la capacidad de motivar para conseguir las metas marcadas, así como para generar desafíos. Finalmente, el jefe deber apoyar a su equipo siempre que lo necesita.

Un tema de gran actualidad es el de las personas tóxicas, que ha popularizado Fernando Stamateas, con su libro "Gente tóxica". Efectivamente, una de las habilidades más necesarias que una persona puede desarrollar es la capacidad de neutralizar a personas tóxicas, especialmente en aquellas que actúan como jefes. No es sencillo y requiere mucha inteligencia emocional, pues se trata de un asunto importante que afecta negativamente al bienestar de los empleados y al clima laboral de la organización.

Un estilo de liderazgo tóxico y unas malas habilidades de liderazgo por parte de los superiores puede provocar conflictos sobre el rol (por ambigüedad de funciones y sobrecarga de tareas), que a su vez pueden afianzar sentimientos negativos en los trabajadores, como el de querer dejar la empresa o tener una pobre sensación de pertenencia hacia la organización.

La experiencia muestra que en las organizaciones abundan los perfiles de directivos "difusores", que distribuyen tareas, y "monitores", que controlan y supervisan el desempeño de sus subordinados. Sin embargo, escasean los roles de líder y de "motivador" de personas. Por eso, si hay una habilidad directiva que considero realmente determinante para identificar a un buen directivo esa la de "desarrollo de personas", habilidad entendida como la capacidad de mejorar el aprendizaje y el crecimiento de los demás a partir de un apropiado análisis de sus necesidades y de la organización.

Por ello, frente a jefes o líderes arrogantes y que no comunican bien, que no tienen en cuenta las necesidades de los empleados, que son autocráticos y fácilmente irritables, que se muestran inflexibles o demasiado controladores, que afrontan los objetivos con expectativas irreales, que no tienen reparos en discriminar y gestionan mal el tiempo y terminan frenando la creatividad e innovación, las organizaciones inteligentes buscan directivos eficaces, líderes que enfoquen su atención en el negocio y en el talento de las personas que integran la organización, que orientan su acción a la creación de valor a largo plazo a través del desarrollo de personas, pues cada mejora de las empresas depende de sus trabajadores, cuando deciden hacer algo de manera diferente y mejor. En definitiva, el líder que necesitan las organizaciones es aquel que sea capaz de conectar a las personas, los trabajadores, a la estrategia empresarial que permitirá generar resultados a largo plazo. Son los jefes que crecen y hacen crecer a personas y organizaciones.

sábado, 28 de mayo de 2016

Política para gobernar




"El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio"
Papa Francisco


A principios de año escribía refiriéndome a la necesidad de acuerdo entre los partidos políticos, como la conclusión más evidente que ofrecía el resultado de las elecciones generales celebradas el pasado 20 de diciembre. Desgraciadamente mis anhelos y deseos de ver cómo la madurez de la democracia española producía un acuerdo de gobierno, no se vieron cumplidos. 

Ahora, la partida se repite, unas nuevas elecciones ofrecen una nueva oportunidad para la responsabilidad. El prof. Pérez Alcalá se refería recientemente al aburrimiento de la política española, que ofrecía las mismas caras y políticas. Yo creo que al margen de aburrimientos, que también, la política es una función muy noble y de muy alta consideración como para hacerla reducir a las personas  y partidos que la representan. La política es un arte que requiere rigor y preparación, principios, valores y una gran capacidad de servicio. Requiere personas comprometidas y competentes.

La política actual no está ajena a la influencia de una sociedad en constante transformación. Problemas de gran complejidad requieren decisiones consistentes y audaces en muchos ámbitos: actividad económica, emprendimiento, desempleo, servicios sociales, sanidad, educación, etc. La complejidad de la sociedad, que demanda servicios públicos eficaces, requiere de los políticos un uso eficiente de los recursos económicos disponibles, que son siempre escasos.

Una sociedad sometida a grandes desafíos: de tipo social, como la marginación de colectivos que no pueden acceder a un trabajo; de tipo económico, como el desempleo y la falta de oportunidades para afrontar un proyecto de vida; de tipo territorial, como los generados por un nacionalismo radical, que reniegan de España, etc. Para hacer frente a dichos desafíos, la política deberá promover una actividad económica basada en un orden moral que ayude a comprender y a respetar el ser humano; a comprender la realidad y aportar soluciones y respuestas a los graves problemas socioeconómicos que tiene la sociedad actual; a reconocer la necesidad de que la vida económica y social se apoye en la verdad del ser humano y en su dignidad, y a valorar las diversas propuestas éticas que inciden en la vida económica aportando relaciones auténticamente humanas.

Estos enormes desafíos requieren de personas competentes y capaces, que deberán desplegar habilidades que resultan imprescindibles para afrontarlos con la solvencia necesaria: 
  • El desarrollo de la visiónHabilidad que consiste en la capacidad de definir el camino al cual se dirige la nación a largo plazo y sirve de rumbo para orientar las decisiones estratégicas de crecimiento y de competitividad, y que es de gran relevancia para un político. Debe tener una idea de España, que constituye el horizonte sobre el que abordar la toma de decisiones. Construirá un proyecto a largo plazo que oriente y sirva de guía en la acción de gobierno.
  • Toma de decisiones: Habilidad entendida como la capacidad de dar soluciones a problemas detectados, emprendiendo las acciones correctoras con sentido común, sentido del coste e iniciativa. Un político debe tomar decisiones importantes y de gran transcendencia sobre las personas. Decisiones que muchas veces son controvertidas, discutidas, costosas y duras, pero que la acción de gobierno lo exige de forma continua. Un político con valor no se inclina exclusivamente por las decisiones fáciles, sino que afronta las decisiones comprometidas con rigor, análisis, competencia, sabiendo explicar las consecuencias.
  • Optimización de recursos: Considerada como la capacidad de vigilar la rentabilidad de las acciones y controlar los tiempos consumidos por subordinados en realizar tareas o proyectos, esta habilidad tiene en la actualidad una gran importancia, fundamentalmente por encontrarnos en un contexto de escasez de recursos a nivel nacional e internacional. El político debe priorizar el uso eficiente de sus siempre escasos recursos económicos, imprescindibles para una innumerable lista de actividades de gran transcendencia para los ciudadanos en particular y la sociedad en general.
  • Liderazgo: Habilidad de gran actualidad que implica la capacidad de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes. Para un político, el liderazgo puede ser ejercido desde muchas perspectivas. El liderazgo, un concepto poliédrico, para un político no debe limitarse a la capacidad de comunicar, sin despreciar la importancia que tiene en una sociedad tan mediatizada por los medios de comunicación. Otras caras de ese poliedro, estaría la capacidad de influir sobre otras personas. Me gusta la propuesta de Sonnenfeld que propone un liderazgo ético, que será la base de un nuevo modelo de liderazgo, basado en la sabiduría de decidir bien.
Como el líder, el político nace y se hace, por lo que el arte de gobernar a las personas puede aprenderse y perfeccionarse. Para ello el político requiere vocación, aunque lleve aparejada la ambición y la vanidad. También requiere fortaleza para saber estar en política, que le permitirá manejar adecuadamente la capacidad de negociación, la capacidad de aprender de todos y de todo, incluso del adversario político, y mucha inteligencia emocional, que le haga sortear las enormes dificultades que se encontrará en su acción de gobernar. Y todo ello, con integridad, que es la base de la honradez de las personas.


domingo, 8 de mayo de 2016

Liderazgo invisible



"Solo se puede ver desde el corazón. Lo esencial permanece invisible para el ojo"
El principito. Antoine de Saint-Exupéry


La empresa actual se desarrolla en un contexto de gran incertidumbre y riesgo, a imagen de las sociedades en las que está inmersa, alcanzando niveles nunca vistos de complejidad y dinamismo. Las nuevas tecnologías de la información, que han democratizado enormemente el conocimiento, facilitan que esta realidad sea constantemente cambiante, generando que los modelos tradicionales de liderazgo, no resulten suficientes para responder a las necesidades de las organizaciones, y en última instancia, de los ciudadanos. La necesidad de adaptación y adecuación al cambio, hacen necesario sustituir esos modelos tradicionales de liderazgo, de forma que respondan a las inercias complejas que imperan en materia organizacional, basadas en menores niveles jerárquicos y mayor participación; por otros liderazgos más ajustados a una problemática diversa y compleja, en el que la capacidad de influenciar y desarrollar personas será la clave del aprendizaje organizacional. Tratar de esa capacidad es hablar de liderazgo, pero en esta ocasión me voy a centrar en otros liderazgos: el liderazgo invisible.

El liderazgo invisible se hace presente en las organizaciones, cuando el capital humano es reconocido como verdadero activo, brindándole las mejores herramientas para hacer frente a un entorno cambiante, y siempre incierto. El liderazgo invisible, es ante todo una realidad que la empresa actual debe saber alentar e impulsar en el necesario desarrollo del capital humano. El liderazgo invisible es aquel que no se ve, aquel que deja hacer. Que hace y deja que las cosas sucedan hacia el logro de objetivos que se  comparten y comprometen. La excelencia de un líder se mide por la capacidad de transformar dificultades en oportunidades, a través de la participación y el compromiso de todos. La experiencia personal y profesional, permite conocer a líderes invisibles, aquellos que han dejado huella, que han hecho profundizar y perfilar las cualidades que definen el presente, para mejorarlas en el futuro, líderes que manejan con una mano izquierda exquisita la habilidad de desarrollar personas.

Me gusta denominarlo liderazgo invisible, pues su característica diferenciadora es que se se trata de personas cuya presencia e influencia apenas se notan en las situaciones concretas que se viven en las empresas y organizaciones. Su liderazgo se basa en lo que hacen, y sobre todo, en el ejemplo y la integridad, que son señas de identidad de su comportamiento. Todos recordamos compañeros que han ejercido un liderazgo influyente, o familiares de los que hemos recibido grandes enseñanzas, o incluso recordamos a profesores inolvidables, tanto de la escuela básica, en el bachillerato o en la Universidad. Personas que han dejado una huella en nosotros gracias a su liderazgo invisible, su capacidad de hacer y de mostrar su saber: orientar a resultados, trabajar en equipo, liderar, cooperar, etc. 

Repasar los líderes invisibles que hemos conocido es probablemente identificar el liderazgo más exquisito:
  • Su presencia e influencia apenas se notan, pero actúan y hacen que otras hagan su trabajo queriendo. Una manera de influenciar que hace descubrir nuevos intereses y valores, y que hace crecer y desarrollar a las personas. 
  • Desarrolla lo mejor de las personas, gracias a un liderazgo especial.
  • Es liderazgo de autoridad moral y personal, no de poder formal.
En definitiva, el liderazgo invisible impulsa el crecimiento personal y recompensa con un salario emocional de gran importancia para las empresas, que es el que satisface a la persona, puesto que pone en valor nuestras mejores capacidades, y que ayuda a construir el mejor perfil de capacidades y habilidades para un desempeño eficaz de nuestras responsabilidades.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Ser directivo hoy


"El líder futuro será un poco mas humano y más humanista, y tendrá un poco más de alma que ahora" 
Emilio Moraleda 

Ser directivo hoy se ha convertido en una tarea enormemente exigente. Vivimos en un tiempo en el que las empresas y organizaciones deben afrontar retos de gran complejidad. Unido a las dificultades propias del negocio, el entorno sometido a vertiginosos cambios, hacen que el directivo deba estar permanentemente preparado para tomar las decisiones adecuadas. Si a todo esto le añadimos, la gestión de los procesos a través de los cuales la organización da respuesta a las necesidades de sus clientes, estamos ante el tercer elemento, el que consideró clave en la actividad de un directivo: las personas. 

Hoy más que nunca, el directivo necesita pensar siempre en el futuro, mientras lucha con el presente. Emilio Moraleda habla de los pilares del líder para referirse a los valores clave que gobiernan su actuación y en todo momento predica con el ejemplo, desplegando todo su potencial. Esos valores, que denomina magistralmente como "el oro molido", constituyen toda una hoja de ruta de lo que el directivo actual debe afrontar en el desarrollo de su función. Son los siguientes: 
  • Resultados: si el directivo no consigue resultados la empresa desaparece.
  • Integridad: el directivo sin integridad no es creíble y termina cayendo.
  • Innovación: el directivo que no innova se queda superado por la competencia.
  • Respeto por la gente: el directivo que no respeta no ejerce de líder.
  • Cuidar el talento: el directivo que no desarrolla el talento no sabe lo que tiene entre manos y acabará perdido en su gestión.
Efectivamente, ser directivo hoy implica estar muy atento a las conductas, habilidades y valores que se consideran imprescindibles en el contexto actual. En un inventario rápido destaco las siguientes:
  • Capacidad para crear el mejor equipo.
  • Capacidad para delegar y responsabilizar.
  • Capacidad de afrontar dificultades y retos.
  • Capacidad para desarrollar a las personas.
  • Capacidad de comprometerse con personas y proyectos.
  • Capacidad para generar confianza.
Para concluir, se podría decir una vez más, que el directivo sólo requiere de sentido común. Para triunfar en la gestión de hoy se requiere tener buenas habilidades personales, interpersonales y de dirección de personas, a la vez que una actitud proactiva. La cuestión es que las actitudes y el comportamiento no siempre son congruentes. El directivo líder debe tener una actitud proactiva mutuamente influyente, asumida por todas y cada una de las personas que integran el equipo.

Si la anhelada competitividad es función del compromiso y del talento, podemos concluir que no hay competitividad sin la adecuada actitud, y no hay actitud sin ser conscientes de nuestro comportamiento. Sólo un directivo líder ejercerá un liderazgo consciente cuando sea fruto del entrenamiento, de la práctica prudente y de la adecuada formación. Por ello, ser directivo hoy es un apasionante reto que la persona, el directivo, debe afrontar con formación, capacidad y competencia.

martes, 28 de octubre de 2014

El enigma del liderazgo



"Liderazgo es la capacidad de traducir la visión en realidad". 
(Warren Bennis)

Se ha escrito tanto sobre el liderazgo que uno no sabe si al releer tantas opiniones de autores tan diversos y dispares se están refiriendo a lo mismo. Hay quien dice que el liderazgo es un proceso, hay quien sostiene que es poliédrico, hay quien afirma que el líder nace, otros que se hace. Hay quien lo define como un arte. El liderazgo es un enigma…. El diccionario de la Real Academia Española define al liderazgo con las siguientes acepciones:
  1. Persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora.
  2. Persona o equipo que va a la cabeza de una competición deportiva.
  3. Construido en aposición, indica que lo designado va en cabeza entre los de su clase.
El concepto del liderazgo ha despertado un gran interés en la sociedad. En empresas, en universidades, a nivel personal. Tanto interés que ha permitido construir un elevado número de matices que hacen destacar aspectos concretos o parciales de este constructo que permite tantas posibilidades. Al liderazgo se le ha adjetivado de muchas formas, que enriquecen este concepto al que me gusta referirme como megahabilidad. Hagamos un inventario de ellas:
  • Liderazgo resonante: Para Goleman, Boyatzis y Mc-Kee el liderazgo resonante es un tipo de liderazgo que sintoniza con los sentimientos de las personas y los encauza en una dirección emocionalmente positiva. Un líder produce resonancia cuando genera un clima emocional positivo indispensable para movilizar lo mejor del ser humano.
  • Liderazgo ético: Es la demostración de una conducta a través de las acciones y relaciones interpersonales, y la promoción de tal conducta en los seguidores a través de comunicaciones de doble vía, refuerzo y toma de decisiones. Una visión ética del liderazgo implica que el líder debe poseer al menos cuatro virtudes: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. 
    • Prudencia: Ha de regir nuestra conducta, presente en todas las actuaciones.
    • Templanza: Tener ánimo sereno, equilibrado para transmitir serenidad en una empresa, de que las cosas se hacen de la mejor manera posible.
    • Fortaleza: Como virtud de ánimo, donde el líder se mantiene de pie aunque los demás desfallezcan.
    • Justicia: Los colaboradores han de percibir que el líder es justo. Si la justicia está presente en la dirección, se gana credibilidad con los colaboradores. Cuando hay arbitrariedad y prepotencia, se pierde la posibilidad de llevar a los equipos de trabajo al éxito.
  • Liderazgo transformacional: Se basa este liderazgo en cuatro elementos:
    • Carisma: Proporciona visión y sentido de misión, origina orgullo, obtiene respeto y confianza.
    • Inspiración: Comunica altas expectativas.
    • Estímulo intelectual: Promueve la inteligencia y la solución cuidadosa de problemas. 
    • Consideración Individualizada: Tratamiento personalizado hacia cada subordinado.
  • Liderazgo transaccional: Este liderazgo basa su actuación en la recompensa, en el premio por los resultados obtenidos; se gestiona por excepción, y es correctivo en sus manifestaciones. Normalmente deja hacer, pero no por confianza sino por evitar tomar decisiones. 
  • Liderazgo de servicio: El liderazgo de servicio basa su labor en impulsar una misión, la misión de la empresa, con la que se encuentra plenamente comprometido. Es un liderazgo humilde, pero ambicioso por conseguir las metas propuestas. Es el liderazgo que mejor encarna la influencia sobre el resto de miembros de la organización. Es el verdadero liderazgo, que basado en el servicio a toda la organización facilita la transformación y el cambio, y por tanto, es una garantía de cara a la supervivencia y el futuro de la empresa. Las personas, los seguidores de ese tipo de liderazgo, encuentran un sentido a su trabajo, pues la misión es compartida. 
  • Liderazgo visionario: El líder visionario es el que más resultados consigue, el que más empodera a las personas, el que más capacidad crea a su alrededor. Tienen un gran protagonismo en la organización, tiene una visión clara y poderosa sobre hacia donde quiere ir. El líder visionario es capaz de movilizar masas, tener un gran número de seguidores comprometidos e implicados con la causa. 
  • Liderazgo carismático: Los seguidores establecen atribuciones de habilidades heroicas o extraordinarias de liderazgo cuando observan ciertos comportamientos en las personas líderes. Algunas características pueden ser:
    • Visión compulsiva
    • Facilidad para la comunicación 
    • Consistencia
    • Capitalizan sus puntos fuertes 
    • Metas claras 
    • Autoconfianza 
    • Agentes de cambio 
    • Sensibilidad al ambiente 
  • Liderazgo adaptativo: Este liderazgo ayuda a las personas y organizaciones a adaptarse y prosperar en entornos altamente cambiantes y complejos. Es ser capaz, tanto individual como colectivamente, a asumir el proceso gradual pero significativo de adaptación. 
  • Liderazgo situacional: El concepto de liderazgo situacional hace referencia a un modelo de liderazgo mediante el cual el líder adopta distintos estilos de liderazgo dependiendo de la situación y del nivel de desarrollo de los empleados. Según Hersey y Blanchard se puede analizar una situación determinada para luego adoptar un estilo de liderazgo apropiado a esa situación y así poder llevar a cabo la tarea éxitosamente. El análisis de esta situación va a depender principalmente de la madurez de los empleados.
  • Liderazgo centrado en principios: Covey lo define como un liderazgo que nace dentro de uno y se irradia hacia los demás. No es una fórmula, clave o trucos para lograr influencia en el corto plazo, sino más bien una transformación interna que llevará a lograr una influencia y lealtad profunda en el largo plazo. Por medio del liderazgo centrado en principios, se podrá impactar positivamente en la vida de muchos ayudándolos a crecer. Las 8 características que harán crecer las raíces del liderazgo centrado en principios son las siguientes:
    • 1º. El líder centrado en principios aprende continuamente. 
    • 2º. El líder centrado en principios esta orientado a servir. 
    • 3º. Irradia energía positiva. 
    • 4º. Creen en las otras personas. 
    • 5º. Se mueve en equilibrio.
    • 6º. Enfocan su vida como una gran aventura. 
    • 7º. Entiende y practica la sinergía. 
    • 8º: Practica la renovación personal. 

Para concluir, pienso que el liderazgo de hoy no es un liderazgo que trata de solucionar problemas, sino que trata de proyectarnos hacia el futuro como un reto y un desafío, pero también como compromiso y esperanza. El enigma del liderazgo se basa que que cada persona puede proyectarlo de una forma diferente, con sus matices personales, su sello único y personal, que lo hace exclusivo. Todos somos líderes en potencia. Dependerá de nuestra capacidad de hacer y afrontar la relación con los demás y con el entorno. 


Transitar por el camino del verdadero liderazgo, aquel que está basado en la confianza puede ser un camino arduo, pero a la larga, las recompensas obtenidas pueden ser mayores. Al final pienso que a pesar de tanto adjetivo, prefiero simplificarlo y atenerme a lo importante y característico del liderazgo. Es decir, se es líder cuando se tiene la capacidad de influencia sobre otras personas. Ahí radica su enigma y a la vez, su sencillez. Para ello deberemos aprender a conocernos mejor y tener identificados nuestros talentos, así como nuestros límites e incompetencias.


viernes, 12 de septiembre de 2014

El gestor eficaz

“Lo más importante de un primer paso no es la distancia recorrida, sino la decisión tomada.” 
Aristóteles.

El gestor eficaz es el título del segundo libro de José Manuel Muriel, editado por ESIC en 2013. Es un libro oportuno, ameno y bien escrito. Para mi es una gran satisfacción poder escribir estas sencillas líneas sobre este libro. Y lo es por varias razones. En primer lugar, porque conozco al autor y se de su amplia y valiosa experiencia profesional. En segundo lugar, porque detrás del rigor, de la exigencia, de la competencia, afloran los valores que debe presidir toda actuación profesional. Enhorabuena, José Manuel.

El gestor eficaz en un alegato a favor de un liderazgo ético en el que las personas ocupan un lugar preferente. Las personas son la base de las empresas, de los equipos, de las decisiones, de los proyectos.  Es una apuesta por definir un modelo de directivo exigente en los resultados pero comprometido con las personas que los posibilitan.


Dice José Manuel que "el ser humano es lo más valioso que tiene cualquier empresa, pero también lo más complicado de dirigir". Esta afirmación, que comparto plenamente, encierra todo un mensaje de por donde debe transitar la gestión, el desempeño de un gestor. Es decir, una gestión que se fija en las personas para poder liderar un proyecto ilusionante, compartido entre todo el equipo de colaboradores. Pero a la vez, una gestión que no se esconde ante la dificultad de dirigir personas. Ya lo decía el prof. Sandalio Gómez: “La labor de dirigir personas en la empresa, es sin ninguna duda, la más difícil y compleja de todas las facetas que el directivo debe asumir”. Y José Manuel lo ha entendido perfectamente, pues a lo largo de todo el libro se desprende que el ser directivo implica una permanente apuesta por el equipo, y por tanto, por las personas.

Me ha resultado muy interesante el esfuerzo que realiza por inventariar hasta 29 elementos que configuran el perfil de un buen gestor. Efectivamente, se trata de una radiografía de cuáles deben ser "las actitudes y aptitudes que debe poseer un gestor si quiere conseguir que su gestión pueda llegar a ser eficaz". Estos 29 elementos constituyen todo un plan de acción para el que quiera afrontar la difícil tarea de ser un directivo eficaz. Son todo un conjunto de habilidades, virtudes, fortalezas. Son las siguientes:


Carácter
Ambición
Saber priorizar
La perfección
Fe
Proyecto
Comunicación
Tranquilidad
Recursos Humanos
Liderazgo
Experiencia
Responsabilidad social
Negociación
Ejemplo
Transparencia
Trabajo en equipo
Código de conducta
Confidencialidad
Toma de decisiones
Compromiso
Lealtad
Motivación
Relaciones personales
Humildad 
Dedicación
Colaboradores
Tenacidad
Objetivo común.
Honradez



Se afirma que el directivo necesita poseer unos conocimientos técnicos. Pero no solamente los que tienen que ver con los procesos productivos específicos de la empresa, sino también, aquéllos que se relacionan con la gestión de personas. Es evidente que la acción no puede basarse únicamente en los conocimientos adquiridos, se necesitan habilidades y, por supuesto, actitudes. En el hacer directivo, aunque los conocimientos sean de mucha utilidad, lo que se necesita es capacidad para hacer más y mejores cosas. 

Suelo decir en mis clases de Habilidades de Dirección, que el directivo está permanentemente tomando decisiones para cumplir con sus cometidos. Las personas, también. Por tanto, en la toma de decisiones, la actividad que mejor define la función directiva, se involucran necesariamente a las personas. Asumir que “las empresas las hacen las personas” implica aceptar que la dirección tiene que ver con dirigir y desarrollar personas. En este sentido, la función directiva se suele identificar con tres elementos centrales: 
  • Generador de decisiones: su responsabilidad radica en que debe tomar las decisiones mediante el empleo de técnicas y la aplicación de los criterios necesarios para alcanzar los objetivos propuestos. 
  • Gestión de personas: su responsabilidad es lograr que las personas a él encomendadas hagan lo que tienen que hacer, en el momento en que lo tienen que hacer y de la manera como se debe hacer. 
  • Coordinación de procesos: su responsabilidad es que las diferentes áreas funcionales se ensamblen de tal manera que se obtenga una unidad coherente y orientada hacia un objetivo común. 
El gestor eficaz encierra otra idea que me ha parecido especialmente interesante: "A quien debemos considerar un gestor". Esta idea fuerza, que da titulo a un apartado del libro, recoge una enseñanza de gran interés: toda persona que ocupe un puesto con plena responsabilidad sobre sus resultados debe considerarse un gestor. Me gusta mucho esta idea, que responde a la corriente actual que la identifica como "empowerment", y que viene a significar una apuesta por las personas, favoreciendo su desarrollo, su implicación y compromiso con la empresa.

Como conclusión, de la lectura de "El gestor eficaz" destaco la siguiente valoración: frente a la tendencia del mundo empresarial en privilegiar los logros y realizaciones, en conceder mayor valor a aquello que ha conseguido que a la manera de hacerlo, el gestor eficaz alcanzará el éxito cuando encuentre el equilibrio entre la eficacia de los resultados y la calidad de la gestión de personas, a través del despliegue de todo un inventario de habilidades, actitudes y fortalezas personales. En consecuencia, se puede decir que para ser un buen gestor, un gestor eficaz,  es, en parte ciencia y, en parte arte.