martes, 24 de junio de 2014

Saber, saber hacer, querer hacer




"No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer"
Johann Wolfgang von Goethe

Las competencias son un concepto que cada vez tiene más importancia cuando se trata de evaluar el desempeño de las personas. Creo que no se está destacando suficientemente el papel que nuestra capacidad de gestión tiene en lo que hacemos. En este sentido, la gestión aporta valor a lo que hacemos, de ahí la importancia en el hacer, y que la única manera de avanzar y de ser mejores es “haciendo”, por tanto, practicando. Se suele definir a las competencias como una combinación de conocimientos, habilidades y actitudes que capacitan a una persona a afrontar con garantías de éxito el desempeño de una actividad determinada. Por tanto, el conocimiento por si sólo no sirve si no se tiene capacidad de hacer, es el denominado saber hacer, que se obtiene practicando. Por eso, la experiencia es tan importante: haciendo, se aprende y se consolidan nuestros conocimientos. Como tercer elemento,  necesitamos querer hacer: la actitud vuelve a ser determinante en lo que hacemos. Es la gasolina del motor, vital para que un desempeño, una actividad determinada, sea brillante. Por ello, las competencias cobran una importancia capital en el contexto de una economía competitiva y sobre las que las personas deben construir su marca personal: una buena formación, desarrollar habilidades que hagan sacarle el fruto adecuado a esos conocimientos y tener una motivación, una actitud, que te impulse a seguir avanzando, a seguir creciendo.



Para desarrollar competencias es importante que lo primero que debemos hacer es reconocer nuestras capacidades para poder potenciarlas posteriormente. El Prof. Manuel Galán destaca la importancia de las competencias con una frase muy impactante: Oigo y olvido, veo y aprendo, hago y entiendoPor consiguiente, las competencias se aprenden “haciendo”. Esta es una cuestión que en la sociedad actual está mal vista,  el esfuerzo está poco valorado, pues vivimos en una sociedad “hedonista”, donde prima la comodidad, el ocio, el disfrute inmediato.

Se formulan cuatro ideas en forma de preguntas para centrar la importancia de las competencias:
  1. ¿Qué queremos ser? ¿Cuáles son nuestras metas y objetivos?
  2. ¿Qué competencias necesitamos desarrollar para ser mejores en nuestro desempeño?
  3. ¿Qué responsabilidad se debe asumir en lo que hacemos?
  4. ¿Cuál debe ser el perfil teórico de competencias de un buen gestor, de un buen trabajador?

La competencia más transversal: la comunicación.
De todas las competencias, hay una que destaco. La considero la más transversal al intervenir en la mayoría de las acciones que hacemos las personas. Me estoy refiriendo a la comunicación, que consiste en transmitir información, ideas y opiniones de forma clara y convincente, siendo receptivo a las de los demás. Cuando nos comunicamos, es básico ser consciente que desarrollar nuestra capacidad de escucha activa es una competencia fundamental en un contexto en el que la comunicación en la base común de nuestro hacer. Si nos fijamos, todo lo que hacen las personas es a través de la comunicación: verbal, no verbal, oral, escrita. Interesante aspecto que pone de relieve aún más la importancia de la escucha activa, una competencia que se debe practicar para mejorarla.

Otras competencias que constituyen la base de nuestro desempeño personal y profesional, que se  pueden identificar en la siguiente relación:
  • Liderazgo: Dirigir e implicar a las personas, tomando decisiones responsables, para conseguir los objetivos comunes de la organización y asumiendo las responsabilidades y los riesgos.
  • Trabajo en equipo: Comprometerse con objetivos compartidos y tareas comunes.
  • Compromiso: Comprender, asumir y adoptar los fines, valores y retos de la institución en el trabajo diario.
  • Adaptación al cambio: Actuar ante las necesidades y transformaciones del entorno percibiéndolas como oportunidades de mejora.
  • Gestión de conflictos: Actuar en situaciones en las que seamos capaces de mandar un mensaje efectivo en el que se expresen claramente sentimientos y necesidades, para escuchar eficazmente y escoger el enfoque adecuado.
  • Planificación: Establecer objetivos y diseñar en el tiempo actividades, recursos y prioridades, así como los procedimientos para su evaluación.
  • Innovación y creatividad: Crear y aplicar nuevos conocimientos, perspectivas y soluciones en las distintas dimensiones de la actividad universitaria orientadas a la mejora y alcanzar mayores niveles en los resultados.
  • Aprendizaje: Seleccionar, adquirir, asimilar, organizar y aplicar conocimiento en los diferentes ámbitos, tanto personales como profesionales.
  • El pensamiento estratégico: Capacidad de desarrollar implicación y liderazgo, que permita una diferenciación entre fines y medios, así como de evaluar los condicionantes para cada alternativa. La aplicación practica se convierte en la planificación estratégica, necesaria como instrumento al servicio de la Dirección, para que, a través de un proceso de reflexión, en conjunto y participativo, la organización defina qué y cómo quiere que sea el futuro.

lunes, 9 de junio de 2014

Rafael Nadal o la fuerza de la motivación




«El deseo de ganar es importante, pero el deseo de prepararse es vital»

Joe Paterno 
(Entrenador del equipo de fútbol americano de la Universidad del Estado de Pensilvania desde 1966 hasta 2011)



Rafael Nadal ha ganado su noveno trofeo de los Mosqueteros en Roland Garros. Esta extraordinaria hazaña deportiva no tiene referentes anteriores. Los 64 títulos alcanzados en su carrera deportiva, de los que 14 son de Grand Slam muestra el nivel histórico alcanzado por Nadal. Me gustaría destacar algunas enseñanzas que la trayectoria deportiva de Nadal ofrece a niños, jóvenes y mayores. La fuerte competencia, pues ha tenido que medirse con Roger Federer y Novak Djokovic, dos de los jugadores de más alto nivel en la historia del tenis, las lesiones, los diferentes tipos de pista, la larga e intensa temporada, etc., todo ello no ha sido suficiente para mermar el espíritu de superación de Nadal. 

  • Capacidad de resistencia: Los largos partidos, de hasta 5 horas, los largos puntos, no han impedido que Nadal diera por perdido ningún partido. Todo lo contrario, son memorables las remontadas de partidos interminables en los que su capacidad de resistencia parecía ser su mejor baza.
  • Visualización: Recuerdo una entrevista que hace años le hacían al tío y entrenador de Nadal, Toni Nadal. Le preguntaban que cómo era la jornada previa a una gran final. Toni Nadal respondía que Rafa, sentado en el sofá del hotel, visualizaba el partido, cada golpe, cada punto. Esta es una habilidad fundamental que Nadal la debe realizar a la perfección. 
  • Estrategia: Otra de las virtudes que se suelen destacar de Nadal es su capacidad de saber leer el discurrir de cada partido, saber interpretar la evolución de los puntos y juegos, e incluso sets, para de esa forma preparar el momento de atacar a su contrincante.
  • Afán de superación: Su carácter sencillo y humilde, respetuoso del contrincante, nunca le han restado ganas y coraje de intentar siempre buscar la victoria. Para ello su fortaleza residía en el entrenamiento intenso y constante. El afán de superación es una característica de las más relevantes en Nadal. Esa capacidad de seguir adelante, de superar las dificultades, las lesiones, las derrotas, etc.

Todas estas virtudes, más bien habilidades, creo que se pueden resumir en una: la fuerza de la motivación. Rafael Nadal es un inmejorable ejemplo de cómo la motivación moviliza las personas hacia metas y retos desafiantes. Ciertamente en la actualidad estamos continuamente rodeados de mensajes motivadores. Las portadas de hoy de los periódicos con la foto de Nadal "mordiendo" el trofeo en Roland Garros es un ejemplo más. Siguiendo a José Antonio Marina, en "Los secretos de la motivación" (Biblioteca UP, Ariel), creo que la clave se encuentra en el tercero de los ingredientes de lo que Marina llama la "fuerza de la motivación": Motivación = deseo + valor del objetivo + facilitadores de la tarea. 

Los facilitadores de la tarea son la clave para el éxito de Nadal, que consiste en desarrollar la motivación para mantener la tarea, la actividad que le está permitiendo estar en el nº 1 de la ATP. Cuáles pueden ser esos facilitadores:
  1. La actitud de Nadal ante la derrota y el esfuerzo necesario para afrontar cada partido: Ante las dificultades, siempre buena cara, siempre aprender de los errores, siempre aprender del jugador que le ha ganado un partido.
  2. La creencia de la capacidad de mejorar: He escuchado muchas veces a Nadal hablar, tanto cuando perdía como cuando ganaba, de la importancia de desarrollar la capacidad de aprender. Esta es una habilidad personal básica, que constituye un instrumento de gran fuerza para las personas. La idea de aprender de los propios errores es un proceso fundamental para el desarrollo personal. Los errores no se convierten el fracasos, sino en oportunidades de avance y de mejora.
  3. La perseverancia o el mantenimiento del esfuerzo es clave para entender el éxito de Nadal. Su entrenamiento intenso y bien orientado, la tenacidad y constancia son determinantes, sin ellas la motivación pierde fuerza, se debilita, renuncia.

La motivación, de la que tanto se ha escrito, y que siempre nos ofrece enseñanzas, es la mejor señal de identidad de un fenómeno del deporte español, un "Grande de España" como hoy rezaba un titular de prensa. Rafael Nadal o la fuerza de la motivación, un ejemplo para una generación de jóvenes que pueden ver en este deportista la mejor forma de representar valores como el esfuerzo, el afán de superación, la tenacidad y la constancia. Todo un ejemplo. ¡¡Vamos, Rafa!!


domingo, 1 de junio de 2014

El triángulo del progreso personal


“Lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo”.
Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos.

El progreso personal es un proceso con muchos factores que influyen decididamente en la construcción y desarrollo de lo que se denomina la marca personal. Este es un concepto muy interesante que cobra una especial importancia cuando lo relacionamos con la empleabilidad, y más aún cuando la crisis económica está haciendo estragos en el mercado laboral y dificulta el acceso a los jóvenes a su primer empleo. Los distintos factores que afectan a la construcción de la marca personal constituyen todo un inventario de elementos que sirven para fortalecer un proceso que me gusta identificar como el triángulo del progreso personal. Gráficamente estaría constituido por: 


Este proceso pienso que es clave en la mejora y desarrollo de la carrera profesional, que estaría basada en tres grandes fortalezas:
  • Las competencias y habilidades. Por una parte, las competencias son el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para el desempeño de una actividad, mientras que las habilidades son consideradas como las capacidades de aplicar conocimientos y utilizar técnicas para completar tareas y resolver problemas.
  • La marca personal, consiste en un enfoque por el cual se consideran a las personas como una marca, que al igual que las marcas comerciales, debe ser elaborada, transmitida y protegida, con ánimo de diferenciarse y conseguir mayor éxito en las relaciones sociales y profesionales. 
  • La empleabilidad, entendida como el resultado obtenido de una educación y una formación profesional de alta calidad. Este concepto engloba las calificaciones, conocimientos y competencias que incrementan la capacidad del trabajador para obtener y conservar un empleo, progresar en el trabajo y adaptarse a los cambios, lograr otro empleo si la persona así lo desea o es despedida, e incorporarse o reintegrarse al mercado laboral con mayor facilidad. 
En definitiva, todo este proceso pone en valor la importancia de una gran cantidad de elementos, de factores, de variables que conforman nuestro comportamiento como personas y que muchas veces no caemos en ellas o no las valoramos suficientemente. Tomar conciencia de ellas, reconocerlas y desarrollarlas para mejorar y potenciar nuestra marca personal y profesional es fundamental.



Algunas ideas que refuerzan nuestra marca personal son las siguientes:
  • Autodesarrollo profesional: Necesidad de actualización y reciclaje a través de cursos, seminarios, nuevos conocimientos, etc.
  • Cuidar tu huella digital: La importancia de saber valorar tu presencia en las redes sociales. 
  • Cuidar la comunicación: Hablar bien de otros, de ti mismo, desarrollar un feedback positivo y constructivo. Nuestra manera de hablar nos delata como personas. 
  • Mejorar el autoconocimiento: Que te gusta hacer, cuáles son tus habilidades, tus talentos, tus competencias.
  • Actitud: Tomar conciencia de la actitud que mantenemos en nuestras actividades, relaciones, ambiciones, las ganas que ponemos en los que hacemos, la disposición a iniciar algo, el entusiasmo que ponemos, etc.
  • Tener metas:  Es básico pensar y escribir que es lo que uno quiere hacer con tantas cosas que afectan a la vida de cada persona. Los objetivos nos animan y nos exigen. No vale pensarlo, es necesario escribirlo. Cuando se tengan los objetivos claros, veremos que empiezan a cumplirse. Todo nuestro subconsciente, todo nuestro yo interior, empieza trabajar para ello, y comienza a tener una meta, un rumbo, una dirección hacia la cual llegar y lo increíble es que nos crecemos para alcanzarlo.
La importancia del progreso personal nos permite acceder al Hito 4 que hemos denominado Empleabilidad en mejores condiciones. Quienes tienen un alto nivel de empleabilidad alcanzan un mayor reconocimiento en su trabajo y logran mejores oportunidades de progresar profesionalmente. En definitiva, quienes se han preocupado de su empleabilidad obtienen ventajas respecto a aquellas personas que no se han preocupado por ser más empleables.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Ya soy cientounero




"Oigo y olvido. Veo y aprendo. Hago y entiendo".
Prof. Manuel Galán Vallejo


Participar en la prueba de los 101 KM 24 H organizada por la Legión en Ronda (10-11 de mayo de 2014) ha sido un experiencia inolvidable. Estoy convencido que una actividad de esta dureza tiene grandes enseñanzas para la vida. Representa en pequeño una gran escuela de virtudes, muchas muy necesitadas en la actualidad. Mi experiencia que comparto se centrará en destacar lo que he visto y vivido. Los 101 de Ronda son una prueba que requiere un buen estado físico, pero sobre todo una alta motivación y fortaleza mental para soportar la dureza y el sufrimiento que requiere. Destaco los siguientes factores:

  • Compañerismo y equipo: Muchos corredores participaban en equipos de cinco. Fue emocionante ver como se iban apoyando mutuamente, esperando al que se retrasaba, al que precisaba alguna cura médica, etc. El compañerismo y la amistad se hacían presente en todo momento. En muchas ocasiones, coincidí con un marchador ciego, guiado por otro marchador. Esto te motiva a seguir. Los ánimos que nos dábamos entre los marchadores eran continuos.
  • Organización: La prueba es un alarde de organización, de servicio, de coordinación, de atención. La complejidad de tener todo dispuesto para más de 7.000 deportistas es un ejercicio de gestión de operaciones y recursos ejemplar.
  • Sufrimiento: Las molestias físicas iban apareciendo. Los dolores musculares, las subidas y bajadas interminables te mostraban un escenario de sufrimiento. Había que aguantar, quedaban muchos kilómetros. A pesar del dolor, te mordías los labios, pero seguías adelante. Se superan los 25 km, luego los 50…. La gran decisión a los 77 km, cuando piensas que ya no puedes más. Una cena reparadora, alguna cura de urgencia, un masaje recuperador de los cuadriceps. Pero decides seguir. Aún queda toda la noche por delante.
  • Estrategia: Una prueba de esta dimensión requiere una estrategia que la haga viable. Tanto de forma previa, en la preparación física y mental necesaria, en disponer del equipo necesario, como durante la prueba, dosificando esfuerzos, entablando conversaciones que te hacen "olvidar" las dolencias, reponiendo fuerzas en los puntos de avituallamientos, etc.
  • Visualización: Como bien dice mi hermano Beni, visualizar la prueba o el objetivo al que nos vamos a enfrentar es muy común en los deportistas de élite. Nos ayuda sobre todo a "sentir" la prueba, más si es en la naturaleza. 
  • Esfuerzo: Los objetivos se consiguen “haciendo”. Esta es una cuestión que en la sociedad actual está mal vista, pues el esfuerzo está poco valorado, vivimos en una sociedad “hedonista”. Superar la prueba, llegar a la meta tras 101 kilómetros requiere un gran esfuerzo.
  • Disfrute y experiencia óptima: En conjunto, esta prueba te hace percibir una sensación de disfrute que Mihaly Csikszentmihalyi denomina "experiencia óptima" No hay mejor manera de denominar lo vivido, sentido y experimentado en todo un día. 
  • Belleza: El paisaje, la naturaleza, el calor, el atardecer, la noche… todo espectacular, el amanecer del nuevo día, el Tajo de Ronda al fondo subiendo la "cuesta del cachondeo"… Una maravilla.

En conclusión, una vivencia espectacular. Una experiencia personal de esfuerzo y superación muy satisfactoria. La emoción me embargó al salir…. y tras 23 horas de pundonor, cruzar la meta entre aplausos, ánimos y ovaciones fue realmente emocionante. Daba igual el tiempo, lo importante era llegar, el esfuerzo y el coraje de superar tantas horas de camino. Una alegría enorme. Hago y entiendo. Para entender esta singular carrera, mezcla de esfuerzo, sacrificio y algo de locura..., hay que vivirla. 

Ya soy cientounero¡¡¡¡


lunes, 14 de abril de 2014

Desafíos



"De todas las virtudes que podemos aprender no hay otra característica más útil, más necesaria para la supervivencia y con más probabilidades de mejorar la calidad de vida que la capacidad de transformar la adversidad en un desafío que pueda proporcionarnos disfrute"

Mihály Csíkszentmihályi

Dice Mario Alonso Puig que el vivir es un asunto tan importante, urgente le llama él, que es fundamental contar con el apoyo necesario para afrontar los desafíos que se plantean en nuestras vidas, proporcionándonos alegría, ilusión, tranquilidad y confianza. Efectivamente, los desafíos que nos ponemos y buscamos nos ofrecen la oportunidad de superarnos, de salir de nuestra comodidad, de la zona de confort. El desafío nos debería proporcionar la satisfacción de ir consiguiendo lo que nos habíamos propuesto.

Los desafíos proporcionan ilusión, afianzan la motivación y la fe en nosotros mismos. Nos genera un estado de atención y alerta muy beneficioso. Hace crecer nuestra autoestima y proporciona un disfrute a modo de recompensa que te anima a continuar. 

A Mario Alonso Puig le gusta recordar la célebre frase de Santiago Ramón y Cajal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. Es decir, embarcarse en nuevos desafíos provoca cambios biológicos e identidades transformadas. Esto es fantástico. Las personas que se atreven a salir de su zona de confort, de su comodidad, que abrazan la incertidumbre, a pesar de las dificultades, de los cambios, de las frustraciones, de los miedos, que siguen teniendo fe, siguen teniendo pasión, descubren el tesoro de experimentar la grandeza de que los desafíos te hacen progresar, como persona, como profesional, como deportista.

Los desafíos son cosa de cada día. Cada día es una oportunidad de encontrarlos y formularlos. Es fundamental pararse a pensar y ordenar las ideas, dedicar tiempo a soñar y a profundizar en las posibilidades y opciones que tenemos para cambiar lo que debamos cambiar y a definir nuestro camino a seguir. Siendo realista y con los pies en la tierra, los desafíos nos proyectan y permiten alcanzar y avanzar. Superar los desafíos que nos planteamos nos pone a prueba, nos hace desplegar y desarrollar todas las habilidades que disponemos. Nos hace esforzarnos en salvar carencias, debilidades, para superarlas y mejorarlas.

Los desafíos a veces nos sorprenden cuando descubrimos lo que somos capaces de hacer. El esfuerzo y el tesón por alcanzar algo siempre tiene recompensa, y ésta no tiene precio. Como dice Csíkszentmihályi en la cita que he escogido para esta entrada, no hay experiencia que provoque más disfrute que una adversidad, dificultad o esfuerzo cuando lo convertimos en un desafío. Recientemente he experimentado esto mismo, en la prueba Desafío Torcal sur 14, una durísima prueba de trail de 43 kilómetros. Tras 7 horas de marcha por un espectacular paisaje por el Torcal sur, el tiempo se iba acabando. Eran 9 horas de tiempo límite. Mi deseo era llegar antes del cierre de control. El cansancio acumulado, las rodillas cargadas, los minutos pasaban y la distancia que faltaba parecía no acortarse cada vez que preguntaba cuanto quedaba para la meta… 6-7 kilómetros. Esta distancia parecía congelada pues se repetía una y otra vez. Aún así, aceleré el ritmo, evitaba al mínimo las paradas en los avituallamientos, trotaba en las bajadas,…. Y el tiempo se acercaba al final: 9 horas. Por fin veo la meta desde lo alto de una montaña, es un flamante Centro de Alto Rendimiento de Atletismo en Antequera. Faltaban quince minutos. Quedaba un descenso fuerte y luego una distancia en llano de unos dos kilómetros por huertas y senderos. Acelero el ritmo. Llega la hora límite y tras superar las 9 horas, según mi reloj, entro corriendo en el polideportivo y descubro con gran emoción que el reloj de control situado en la meta marca 8:59:05. ¡¡¡Faltaba un minuto¡¡¡ El disfrute que sentí al recorrer la vuelta por la pista de atletismo antes de entrar en meta era enorme. Efectivamente entro en meta faltando 25 segundos. Desafío cumplido. Satisfacción enorme.





lunes, 7 de abril de 2014

Engagement: cuando el trabajo te llena



”Lo que uno tiene, uno debe de usar: y cualquier cosa que una persona haga,  lo debe hacer con todas sus fuerzas.” 
(Marco Tulio Cicerón)

Entre los muchos conceptos que van apareciendo en el apasionante mundo de los recursos humanos, encuentro uno que me parece muy sugerente: "engagement". Es un término de moda que puede traducirse como compromiso o implicación, nada nuevo, por tanto. Se suele definir como el compromiso emocional que el empleado tiene con la organización y sus objetivos. En el ámbito de las relaciones laborales, se identifica con el esfuerzo voluntario que realizan los trabajadores, sin contrapartida, por el mero gusto de mejorar su desempeño. Por ello, un trabajador engaged es un trabajador comprometido o implicado con su trabajo y con su empresa, aún más, es una persona que está entusiasmada con su trabajo. Que interesante esta perspectiva desde las políticas de recursos humanos. Encontrase con trabajadores de este tipo es un verdadero lujo. Desde mi experiencia personal,  puedo decir que estos trabajadores existen y que son una baza para la empresa tenerlos, y qué importante saber cuidarlos y gestionarlos, para poder aprovechar su potencial. Sobre todo, destacaría que la empresa evite "quemarlos", cansarlos, en el sentido de que "vean" que su esfuerzo al final no es valorado ni tenido en cuenta, para lo cual es muy importante desarrollar políticas orientadas a premiar y reconocer ese esfuerzo y dedicación. 

La literatura sobre esta materia presenta que los trabajadores que experimentan engagement se muestran más activos y enérgicos y se vinculan a sus actividades laborales con mayor facilidad. Además se sienten capaces de responder a las demandas de su puesto de trabajo, por lo que el estrés bueno, el eustrés, aparece como un aliado más. Otras características de estos trabajadores pueden ser las siguientes:
  • Afrontan la jornada laboral sin mirar el reloj, con energía y dispuestos a aplicar sus conocimientos y desarrollar sus capacidades. 
  • Se comprometen con sus tareas implicándose en cada momento. 
  • Disfrutan con su ejecución y con los resultados obtenidos, procurando siempre mejorarlo.
  • Experimentan emociones placenteras de plenitud y autorrealización. 
Son numerosos los estudios que se han ocupado del compromiso, la satisfacción y la implicación de los trabajadores. Las conclusiones son determinantes, pues cuando las empresas cuentan con trabajadores que se sienten apreciados y reconocidos, las consecuencias son evidentes: mayor productividad, mayor lealtad y mayor seguridad. Por todo ello, considero que cuando el trabajo te llena sientes vigor por lo que haces, superas las dificultades porque el esfuerzo cuesta menos; sientes el trabajo como un desafío al que merece la pena dedicarle lo mejor de uno, lo que produce sentimiento de orgullo y logro; y sientes un estado de disfrute y concentración lo que permite un desempeño muy satisfactorio.

Este es un asunto fascinante, pero sin embargo aún sin resolver. Desde que Seligman y Csikszentmihalhy y la psicología positiva nos acercaran a conceptos hasta hace poco muy alejados de las empresas, los avances han sido muy positivos. El trabajo en la sociedad actual es de vital importancia, y esta civilización del trabajo se debe entender en el sentido que no sólo se le debe pedir  al trabajo un sueldo, una retribución económica, sino que debe convertirse en un espacio de desarrollo personal, que en definitiva tiene que ver con la búsqueda de la felicidad y de la virtud, que son conceptos fundamentales en las personas.

domingo, 23 de marzo de 2014

Deporte y empresa




"El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos" 
Michael Jordan

Participar en una prueba de trail como la de "Guzmán el Bueno X - Sierra Morena" (III trail-running, Córdoba, 22-3-2014) es una experiencia magnífica. Traspasar la línea de meta tras superar 30 kilómetros de subidas, bajadas, lluvia, sol, etc. es algo muy especial. Esta experiencia personal me hace reflexionar sobre la importancia del deporte como escuela de aprendizaje. Efectivamente, el deporte nos proporciona un conjunto de herramientas y técnicas que conectan perfectamente con la gestión personal y con la gestión de personas en una empresa. Podemos encontrar conocimientos, valores, técnicas y objetivos que en un trasvase bidireccional deporte-empresa, permiten enriquecer las posibilidades de ser aplicados en ambos entornos.

La carrera de trail "Guzmán el Bueno X" se puede calificar como muy exigente, que requiere preparación física y mental, adaptación al entorno físico y aceptación de las limitaciones y posibilidades personales. También es compañerismo, afán de superación y competitividad. Algunos elementos que destaco especialmente cuando he preparado y participado en esta carrera son los siguientes:
  1. La motivación: Te das cuenta de la importancia que tiene la motivación para conseguir algo. En lo deportivo, la motivación ofrece numerosas oportunidades de demostrar cómo el afán de superación, el anhelo por conseguir nuevos objetivos es la principal herramienta de que disponen las personas para alcanzar las metas. En la empresa, la motivación es básica para lograr implicación, compromiso, satisfacción en la tarea y desempeño realizado.
  2. Los indicadores: La perfecta organización, la señalización, la publicación de tiempos y medias alcanzados por cada corredor, la clasificación conseguida son señas de identidad que el deporte suele cuidar bastante. Las empresas pueden aprender de la necesidad de mejorar los indicadores de medición de sus procesos. Recordemos la máxima de la calidad: lo que no se mide no se puede mejorar.
  3. El equipo: Si algo caracteriza al deporte es que el equipo cuenta más que la individualidad. En las empresas hay una gran asignatura pendiente en esta materia. El trabajo en equipo, la cooperación y la colaboración es la base de la sinergía, por la cual los grupos alcanzan metas superiores.

El deporte enseña a la empresa la importancia de la planificación, la necesidad de la capacidad de aprender y de contar con un liderazgo que inspire:
  • La planificación: Se necesita porque una empresa es un sistema complejo en el que intervienen muchos elementos que deben coordinarse adecuadamente, atender todos los detalles para que el engranaje de la empresa funcione óptimamente. Si falla una pieza, un elemento, un recurso, el engranaje se paraliza o deja de funcionar como debe. El éxito del deportista se basa en su entrenamiento previo, en la "planificación" para la competición.
  • Capacidad de aprender: La empresa debe estar en continuo aprendizaje, adaptándose al entorno, aprendiendo de los competidores, buscando la innovación y la creatividad como fuente de supervivencia. El deportista necesita aprender nuevas técnicas, conocer el terreno, los competidores.
  • El liderazgo: Las empresas, los equipos necesitan líderes que sean capaces de crear sentido de pertenencia, de unir y cohesionar al grupo hacia objetivos y proyectos ilusionantes, que saben reconocer y desarrollar el talento de cada miembro del equipo, que celebra éxitos y victorias y encuentra las enseñanzas para seguir adelante. El deportista necesita de un entrenador que le guíe, le marque los planes de acción, los progresos, le corrija hábitos y desarrolle nuevas técnicas.

El deporte, como en la empresa, como en las personas, implica desarrollar el talento y el potencial que todas las personas encierran. San Ignacio de Loyola recomendaba en sus Ejercicios Espirituales, fijarse metas cada vez más altas. Para ello, y siguiendo a Daniel Coyle, las estrategias que se pueden seguir son las siguientes:
  1. Ponerse en marcha: Querer algo es activar nuestra motivación para conseguirlo.
  2. Mejorar las habilidades: A través de métodos y técnicas para realizar los máximos avances en el menor espacio de tiempo.
  3. Mantener los progresos: Venciendo el estancamiento con nuevas estrategias, fortaleciendo la automotivación y consolidando hábitos que permitan seguir mejorando y progresando.
Dice Kilian Jornet, en Correr o morir, que "el secreto no está en las piernas, sino en la fuerza de salir a correr cuando llueve, hace viento o nieva", y que "la lucha es lo que diferencia una victoria, a un vencedor". Efectivamente, el deporte se vincula con el sufrimiento y el afán de superación, elementos que se convierten en determinantes en el contexto de una empresa, que necesita de una continua revisión para mantenerse en un mercado exigente y competitivo.


martes, 11 de marzo de 2014

La empleabilidad




"Quien quiere llegar busca caminos. Quien no quiere llegar busca excusas"
Anónimo


La empleabilidad es un concepto de una actualidad e importancia de máximo nivel. Tiene tal importancia que hace que confluyan dos sistemas de enorme amplitud y complejidad: el sistema educativo y el mercado laboral. Efectivamente, la empleabilidad ha pasado a convertirse en el concepto deseado por todos: el sistema educativo, las empresas, los trabajadores. Se ha convertido en el nexo de unión entre los que proporcionan formación y los que ofertan puestos de trabajo. Y en medio está la persona que recibe el mensaje machaconamente de que hay que buscar la empleabilidad. En ese contexto, cuando parecen confirmarse los síntomas de recuperación y que la posible creación de empleo será el tema recurrente en los próximos meses y años, me parece interesante dedicar esta entrada a la empleabilidad.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la empleabilidad se puede entender como el resultado obtenido de una educación y una formación profesional de alta calidad. Este concepto engloba las calificaciones, conocimientos y competencias que incrementan la capacidad del trabajador para obtener y conservar un empleo, progresar en el trabajo y adaptarse a los cambios, lograr otro empleo si la persona así lo desea o es despedida, e incorporarse o reintegrarse al mercado laboral con mayor facilidad.

La empleabilidad de los trabajadores es la adecuada cuando poseen una base de educación y formación amplia, competencias básicas y transferibles de alto nivel. Pero podemos hablar de que esa empleabilidad es óptima cuando se desarrollan y aplican toda una serie de habilidades personales e interpersonales, aquellas que facilitan el trabajo en equipo, la comunicación, la toma de decisiones y la resolución de problemas, etc., así como habilidades en la dirección de personas y equipos, como por ejemplo, la capacidad de motivar, de influenciar a través de un liderazgo efectivo, etc.

La empleabilidad es un concepto que me gusta identificarlo con el poliedro, porque tiene múltiples vertientes. Efectivamente, la empleabilidad es un concepto multiforme, que se adapta a cada persona y circunstancia, a cada realidad y a cada momento. Es un concepto a la vez dinámico, que evoluciona con el entorno, con la realidad que nos condiciona en cada decisión.

“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reprender.” Alvin Toffler 

Lo que si parece cierto es que hasta hace no mucho, el conocimiento representaba el factor de mayor transcendencia para insertarse en el mercado laboral. En cambio, hoy parece no ser suficiente. Suelo decir a mis alumnos en la Facultad que todos acabarán la carrera con el título debajo del brazo, por tanto, no les servirá para diferenciarse. Es decir, la titulación como la hemos entendido esta dejando de ser un verdadero elemento determinante. Cuando el conocimiento se ha socializado a pasos agigantados, y sin duda, internet y las nuevas tecnologías de la información lo han acelerado, las competencias, habilidades y actitudes se convienen en el elemento clave. Por ello se entiende que las empresas enfoquen su selección a estos aspectos. Son conscientes de que lo determinante no es el conocimiento previo, que se supone en muchos casos, y sobre el que hay un gran margen de actuación a través de la formación, sino que son las habilidades y actitudes lo que presentan nuestra mejor marca personal.

La empleabilidad se manifiesta de muchas maneras:
  • Asumiendo que la capacidad de aprender es más que una habilidad, es la herramienta que nos va a permitir estar preparado en el momento adecuado.
  • Siendo consciente de la importancia que supone trabajar aportando lo mejor de uno: su conocimiento, su compromiso, su iniciativa y su flexibilidad.
  • Comprendiendo que la adaptación no sólo es necesaria, es un requisito que se debe afrontar con solvencia y máxima atención.
  • Desarrollando una idea que se transforma en una oportunidad de negocio.
En el fondo la empleabilidad nos hace valiosos en todo lo que hagamos. Todo dependerá de lo que seamos capaces de aportar, del valor que nuestro trabajo represente. Ahí radica la clave de la empleabilidad. Un proceso que es permanente y continuo, en el que se basa nuestro desarrollo personal y profesional.

viernes, 21 de febrero de 2014

El fluir en la empresa


“Una organización empresarial cuyos empleados son felices es más productiva, tienen la moral más alta y cambia menos de personal. Por consiguiente, cualquier directivo que quiera que su organización prospere ha de saber qué es lo que hace feliz a la gente y poner en práctica ese conocimiento de la forma más eficaz posible.” 
Mihály Csíkszentmihályi



¿Es posible lograr un alto rendimiento y al mismo tiempo disfrutar intensamente del trabajo? Sumergirse en la lectura de Fluir, de Mihály Csíkszentmihályi, es una fascinante actividad que recomiendo sinceramente. Llegar a descubrir el alcance de conceptos tan interesantes como el de experiencia óptima es ciertamente aconsejable. A nivel personal y desde la empresa, poder encontrar e identificar esa zona de aprendizaje "fluido" es un avance y un gran logro. Mi experiencia personal me dice que, a pesar de ser un asunto del que se habla muy poco, podemos encontrar en las actividades personales y laborales muchos motivos para movernos por esa "franja" de satisfacción personal que tanto anhelamos. 

Csikszentmihalyi habla de este concepto de flujo como “el estado en el cual las personas se hayan tan involucradas en la actividad que nada más parece importarles; la experiencia, por sí misma, es tan placentera que las personas la realizarán incluso aunque tenga un gran coste, por el puro motivo de hacerla”. Se caracteriza por la plena absorción en la tarea, altos niveles de motivación, pérdida del sentido del paso del tiempo y una alta sensación de disfrute con lo que se está haciendo. La experiencia de flujo se describe a menudo como “un placer espontáneo mientras se desarrolla una tarea”. Creo que este concepto se relaciona perfectamente con el desarrollo de las capacidades y habilidades personales. De esta manera, la experiencia de flujo es resultado de un equilibrio entre las oportunidades de acción (las exigencias y desafíos que debemos afrontar) y la percepción de capacidades o habilidades (los recursos que disponemos).

Pienso que estos conceptos son plenamente trasladables a la empresa. Por eso el fluir en la empresa debería ser un objetivo más a perseguir por sus responsables. Para ello podemos dar algunas ideas:
  • Crear ambientes de trabajo motivantes.
  • Dar confianza y responsabilidad.
  • Proporcionar enriquecimiento al puesto de trabajo: empowerment.
  • Encontrar un equilibrio entre los verdaderos desafíos que exige el trabajo y las capacidades que aportamos.
  • Facilitar el desarrollo de esas capacidades cuando sea necesario.
  • Desarrollar una visión que ilusione sobre la base de nuevos desafíos individuales y organizacionales.

Conocer las condiciones para alcanzar la experiencia de flujo nos ayudará a identificar cuándo tenemos esa vivencia e incluso a experimentarla más frecuentemente. Csikszentmihalyi establece una serie de elementos clave:

  • Objetivos claros. Frente a las necesidades a veces difíciles y adversas del día a día y la sensación de falta de sentido de lo que hacemos, cuando disfrutamos aprendiendo sabemos en todo momento qué tenemos que hacer y qué sentido tiene lo que hacemos.
  • Autofeedback inmediato. Una especie de retroalimentación personal. Nos damos cuenta si lo estamos haciendo bien o no. 
  • Equilibrio entre desafíos y capacidades. Este es un tema capital, razón de tanta desmotivación y estrés laboral. Es común sentirse frustrado porque las tareas nos vienen grandes o sentirse aburrido porque no podemos hacer uso de lo que sabemos. El fluir se caracteriza por la armonía entre lo que sabemos y lo que el entorno nos permite hacer. 
  • Atención está centrada en la actividad. El resultado de los puntos anteriores es un entorno idóneo para centrar la atención únicamente en lo que hacemos sin que nada nos pueda distraer.
  • No hay miedo al fracaso. Con la atención centrada en una única tarea, estamos demasiado ocupados para pensar en un posible fracaso. Nos sentimos seguros y confiados. Nada nos hacer desistir de nuestro objetivo.
  • Olvidarse de sí mismo. Mientras que en el día a día nos preocupamos por lo que otros pueden pensar de nosotros, cuando disfrutamos aprendiendo, nos olvidamos de nosotros mismos.
  • El tiempo desaparece. Las horas pueden parecer minutos o al revés: los minutos horas. En cualquier caso, nuestra percepción del tiempo está alterado, "desaparece".
  • Existe una concentración intensa, nuestra atención está puesta en aquello que estamos realizando.
  • Nos provoca el desarrollo de nuestros potenciales. Las actividades que producen la experiencia de flujo no pueden resultar ni tan fáciles para que aburran ni tan difíciles para que causen ansiedad. Es una experiencia que nos enriquece personalmente.
  • Es algo activo, no algo que “nos sucede” sino que “hacemos que nos suceda”. No depende de “qué” actividad hacemos sino de “cómo” la hacemos. 
  • La actividad que lo produce se convierte en "autotélica", es decir, que es un fin en sí misma y no un medio para conseguir otra cosa. El llegar a disfrutar por la actividad sin pensar en la contraprestación. No se mira el esfuerzo que requiere. Existe una gran “motivación intrínseca” que nos lleva a realizarla aunque no nos reporte ningún beneficio económico o de otra índole e incluso nos suponga un esfuerzo.
Cuando se valora en la empresa el compromiso y la implicación de las personas para ganar en competitividad, cuando se descubre la importancia que tiene desarrollar organizaciones que nos permitan identificar la “experiencia óptima” (fluir), entonces estamos en condiciones de convertir este concepto en una extraordinaria estrategia de desarrollo de personas.




En la empresa saber gestionar el fluir será una sello diferenciador de organizaciones inteligentes, que definen retos y desafíos ilusionantes, a la vez que desarrollan capacidades y competencias para poder responder adecuadamente a sus exigencias. Con el equilibrio adecuado entre ambos elementos podemos evitar  la desmotivación, la apatía y la falta de implicación, pero a la vez, procesos de ansiedad y estrés, cuando la complejidad y la exigencia de las tareas nos desbordan y superan. Favorecer esa zona de crecimiento capaz de combinar adecuadamente retos y competencias nos hace descubrir un verdadero desarrollo personal y, por tanto, organizacional. Cuando las personas crecen, las organizaciones crecen.

Aprender a generar experiencias positivas de disfrute en el trabajo es posible. Mientras muchos directivos destacan por crear ambientes de trabajo poco saludables y responden a estilos de dirección egoístas, el verdadero liderazgo cree en un objetivo y en un ejercicio de la función directiva que beneficia a todos. En una sociedad en la que el trabajo y la empresa ocupan un lugar destacadísimo que antaño ocupaban otros, el fluir en la empresa nos revela cómo las personas podemos encontrar la experiencia óptima, la manera de “fluir”, para de esta manera contribuir, no sólo a la propia felicidad, sino también a la de una empresa y una sociedad mejor.


jueves, 23 de enero de 2014

Cambiamos cuando descubrimos




"No son los más fuertes o los más inteligentes los que sobreviven, 
sino los que mejor se adaptan a los cambios"
Charles Darwin 

Nuestro poder para cambiar se basa en la capacidad para descubrir. Sólo así el cambio será verdadero, auténtico. Si esto es muy importante para las personas, no es menos decisivo en el ámbito de las empresas y organizaciones. La gestión del cambio se ha convertido en una habilidad muy valorada en la actualidad. En un entorno tan dinámico, con situaciones, costumbres y realidades sociales que evolucionan con tanta rapidez, la capacidad de las personas por afrontar ese cambio inexorable es fundamental.

A nivel directivo, la gestión del cambio lo relaciono con el desarrollo de la visión, una habilidad compleja pero determinante para las empresas y, porque no decirlo, también para las personas, pues permite construir una visión alentadora generadora de una actitud positiva, que nos predispone a la acción y nos ayuda a conseguir nuestras metas y retos.

El proceso de cambio inspirado por una visión de hacia donde queremos llegar nos hace afrontar dificultades y oportunidades más eficazmente. Pero esa visión necesita concreciones, realidades que nos hagan descubrir motivos para afianzar el cambio.

En las empresas es fascinante descubrir cómo el cambio es un proceso continuo de descubrimiento y acción. Las empresas que sobreviven son organizaciones en permanente cambio, cuando lo perciben  como un proceso permanente. Que importante es tomar conciencia de esto. Percibir el cambio no como una amenaza sino como una oportunidad. El proceso de descubrir aporta a la empresa nuevos horizontes, nuevas perspectivas. Esto nos aporta una visión que nos alienta, cuyo grado de eficacia en alcanzarla dependerá, en gran medida, de las decisiones que vayamos tomando. Siempre he dicho que la calidad de esas decisiones configura la vida de cada uno. Y en la empresa pasa algo parecido. Efectivamente, la toma de decisiones y los planes de acción derivados de ella son cuestiones de vital importancia para la función directiva. Para que este proceso sea eficaz se debe construir sobre las características personales y sobre la propia dinámica de la empresa.


En ese proceso de cambio no podemos olvidar el error, el fracaso, etc. que siempre estará presente. Oscar Wilde decía que "Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones". Efectivamente, el fracaso como fuente de aprendizaje debería ser más valorado. España es un país en el que el miedo al fracaso y al ridículo ha paralizado muchas iniciativas y oportunidades. Mucho se ha escrito sobre esto, pero la realidad es que hay tantos ejemplos en la historia sobre importantes avances y cambios que habían estado precedidas de fracasos y equivocaciones importantes.

Una de las competencias o habilidades más buscadas hoy día entre los directivos es precisamente la de saber manejar cambios y hacer que las cosas ocurran como deben ocurrir y den los frutos esperados. Pienso que el primer objetivo de cualquier proceso de cambio es concienciar a la gente de la necesidad del cambio mismo. Y ese mismo cambio pasa necesariamente por conocer las propias competencias personales:


En el proceso de descubrimiento que hemos comentado lo que importa el es “camino hacia”, la “búsqueda de”. Una vez llegados al lugar que buscábamos se pierde interés y todo comienza de nuevo. Aquí radica lo fascinante de este camino sin final. Saber descubrir, saber interpretar, saber interpelar nos ayudará a entender nuestro camino a seguir, como personas y como empresas, sabiendo que "la eficacia de una organización es igual a la calidad de las decisiones multiplicada por la implicación de las personas que integran dicha organización".