jueves, 7 de julio de 2016

Compendio de sabiduría


"La DSI no es un punto intermedio entre el liberalismo y el socialismo, como si la Iglesia hubiera tomado lo mejor de cada uno para combinarlos en una tercera posición híbrida. La DSI trasciende estos sistemas, porque sus antecedentes histórico-doctrinales son anteriores: su punto de partida es totalmente original: la dignidad de la persona humana, “sujeto, fundamento y fin de la sociedad”."
Juan Pablo II


La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es un conjunto de normas y principios referentes a la realidad social, familiar, política y económica que afectan históricamente al hombre y a la comunidad humana, basados en el Evangelio y en el magisterio de la Iglesia Católica. La DSI debe ser entendida como un proceso de reflexión siempre abierto a las nuevas cuestiones que la vida real va planteando y a los avances y aportaciones de las ciencias sociales y económicas. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia es un cuerpo doctrinal renovado, que se va articulando a medida que la Iglesia, a través de sus Papas, lee los hechos y realidades sociales según se desenvuelven en el curso de la historia. Dicho Compendio fue aprobado por el Pontificio Consejo de Justicia y Paz en 2004 por expreso deseo del Papa Juan Pablo II. El Papa quería una compilación de todas las enseñanzas sociales de la Iglesia Católica, por lo que el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz escribió el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dedicado a él, a quien se nombró el "Maestro de la doctrina social y Testigo evangélico de la Justicia y de la Paz".

La realidad es que a pesar de lo importante y siempre actual de sus enseñanzas y orientaciones, la DSI es una gran desconocida. En un contexto como el actual, sometido a grandes transformaciones y cambios de paradigma, cuando muchos de los elementos que han sostenido la sociedad se resquebrajan, cobra fuerza este compendio de sabiduría que encierra la Doctrina Social de la Iglesia en ámbitos tan diversos y a la vez tan actuales para la persona y la sociedad en general. Los ocho Papas que han aportado enseñanzas a través de 17 Encíclicas (desde la Rerum Novarum del Papa León XIII en 1891 a la Laudato Si´ del Papa Francisco en 2015), junto a las dos aprobadas por el Concilio Vaticano II, recogiendo orientaciones y visiones para la sociedad y las personas, tan necesarias cuando los problemas y dificultades a lo largo de más de un siglo han sido enormes. Por ello reivindico un mayor conocimiento de la DSI por parte de la sociedad, sus líderes, empresarios, políticos y ciudadanos en general, para que sirva de basamento ético de gran importancia en la toma de decisiones a todos los niveles: en la defensa de la dignidad de la persona, en la defensa de la dignidad del trabajador, en el respeto de unas condiciones laborales dignas y seguras, en el respeto de un salario justo y digno, en el respeto y defensa de la naturaleza y el medio ambiente, en la denuncia de unas desigualdades sociales injustas e hirientes para la persona, en la defensa de un desarrollo económico respetuoso con la persona y su dignidad, en la promoción de un modelo de empresa, como organización y sistema de producción, que fije en la persona su referente de actuación, etc.

Todo ello me lleva a defender el valor de tanta sabiduría, para que en periodos de confusión e incertidumbre, como los actuales, sean una buena fuente donde tomar argumentos a favor de la persona, puesto que de eso se trata en última instancia, y poder promover la organización de una sociedad más justa y humana.

Curiosamente, en una sociedad que se llama del Conocimiento, muchas veces se echa en falta precisamente eso, conocimiento, discernimiento y reflexión sobre los graves problemas que han acechado y acechan a las sociedades en general y personas en particular, aportando una visión humanista que alumbre comportamientos más éticos y respetuosos de una dignidad muchas veces pisoteada. 

Un ámbito concreto que se ha ocupado extensamente la DSI es el de la empresa y el trabajo humano. En este sentido, son muy relevantes las palabras de Juan Pablo II en la Encíclica Laborem Exercens que pretenden "poner de relieve que el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, si tratamos de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien del hombre". Esta cuestión me lleva a que la DSI ofrece elementos muy valiosos para enriquecer la denominada Responsabilidad Social de la Empresa que está teniendo un considerable desarrollo en la actualidad. Sean bienvenidas iniciativas que pongan en valor la verdadera responsabilidad social que tiene la empresa, que ofrecen luz sobre la economía y sus exigencias éticas: que la empresa esté al servicio de la persona, que favorezca su desarrollo auténtico, que sea capaz de impulsar un humanismo integral y solidario. Sin duda son beneficios que el Compendio de sabiduría está propiciando poco a poco. 

miércoles, 15 de junio de 2016

Crecer para repartir



"Cuanto mayores niveles de complejidad organizativa y funcional alcanza el sistema económico-financiero mundial, tanto más prioritaria se presenta la tarea de regular dichos procesos, orientándolos a la consecución del bien común de la familia humana"
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia




En plena campaña electoral, cuando lo peor de la crisis se ha superado (los datos del primer trimestre de 2016 ofrecen tasas de crecimiento económico del 3,4%, que mantienen la senda claramente expansiva de la economía española iniciada en 2014 y confirmada en 2015, con una alza del PIB del 3,2%), es oportuno reflexionar y contribuir de forma constructiva al debate de ideas. Un debate que en esta ocasión lo centraré en torno al modelo económico que necesita España para hacer frente a  importantes retos a corto, medio y largo plazo.

Lo cierto es que los grandes modelos económicos imperantes, el socialismo y el capitalismo, han tenido a lo largo de décadas, numerosos ejemplos, aplicados por los diferentes gobiernos en diferentes países, de éxitos y fracasos. Ambos modelos aportan elementos que lo hacen atractivo para ser defendido por grandes colectivos sociales como el más adecuado para garantizar un mayor bienestar a la sociedad. Efectivamente, y se puede ver en el contexto actual de incertidumbre política, la economía es el núcleo central de las diferentes opciones políticas, puesto que desde la política se define como se ha de crear y repartir la riqueza generada por el trabajo. Simplificando se puede decir que el capitalismo se centra en la creación de riqueza, mientras que el socialismo se ha centrado históricamente en su reparto. Es decir, el crecimiento económico se convierte en el foco de atención sobre el que se articula todo el esfuerzo político.

Inmersos en el siglo XXI, parecen superados antagonismos de antaño, por lo que resulta determinante poner el foco en la capacidad de crear, de crecer, de generar riqueza, que sirva de base para aplicar una política social que compense desigualdades y desequilibrios. Si algo se ha aprendido con la crisis económica sufrida, tan grave, profunda y larga, es que el Estado del Bienestar construido a lo largo de décadas necesita recursos para garantizar una financiación adecuada a los servicios públicos demandados por unos ciudadanos cada vez más exigentes, en términos de calidad y transparencia. Esta premisa hace que las opciones de política económica deban tener como objetivo la capacidad de crecimiento económico, lo que implica poner en valor una estrategia de fomento de los emprendedores y la iniciativa empresarial. Si como ciudadanos queremos un Estado del Bienestar que garantice unos servicios sociales de calidad, es preciso generar ingresos públicos suficientes. O dicho de otra forma, si queremos repartir riqueza, antes hay que crearla, para lo cual una estrategia fundamental pasa por reconocer, incentivar y premiar el esfuerzo de los emprendedores como creadores de riqueza.

En un momento decisivo para la política española, la economía debe apostar por opciones claras y seguras, minimizar incertidumbres que frenen inversiones y, por tanto, crecimiento económico. Los riesgos de ser vulnerable a la desaceleración de la economía mundial son importantes, por lo que cobra especial importancia tener las tareas internas y propias bien hechas. Necesitamos crecer porque necesitamos repartir.

sábado, 28 de mayo de 2016

Política para gobernar




"El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio"
Papa Francisco


A principios de año escribía refiriéndome a la necesidad de acuerdo entre los partidos políticos, como la conclusión más evidente que ofrecía el resultado de las elecciones generales celebradas el pasado 20 de diciembre. Desgraciadamente mis anhelos y deseos de ver cómo la madurez de la democracia española producía un acuerdo de gobierno, no se vieron cumplidos. 

Ahora, la partida se repite, unas nuevas elecciones ofrecen una nueva oportunidad para la responsabilidad. El prof. Pérez Alcalá se refería recientemente al aburrimiento de la política española, que ofrecía las mismas caras y políticas. Yo creo que al margen de aburrimientos, que también, la política es una función muy noble y de muy alta consideración como para hacerla reducir a las personas  y partidos que la representan. La política es un arte que requiere rigor y preparación, principios, valores y una gran capacidad de servicio. Requiere personas comprometidas y competentes.

La política actual no está ajena a la influencia de una sociedad en constante transformación. Problemas de gran complejidad requieren decisiones consistentes y audaces en muchos ámbitos: actividad económica, emprendimiento, desempleo, servicios sociales, sanidad, educación, etc. La complejidad de la sociedad, que demanda servicios públicos eficaces, requiere de los políticos un uso eficiente de los recursos económicos disponibles, que son siempre escasos.

Una sociedad sometida a grandes desafíos: de tipo social, como la marginación de colectivos que no pueden acceder a un trabajo; de tipo económico, como el desempleo y la falta de oportunidades para afrontar un proyecto de vida; de tipo territorial, como los generados por un nacionalismo radical, que reniegan de España, etc. Para hacer frente a dichos desafíos, la política deberá promover una actividad económica basada en un orden moral que ayude a comprender y a respetar el ser humano; a comprender la realidad y aportar soluciones y respuestas a los graves problemas socioeconómicos que tiene la sociedad actual; a reconocer la necesidad de que la vida económica y social se apoye en la verdad del ser humano y en su dignidad, y a valorar las diversas propuestas éticas que inciden en la vida económica aportando relaciones auténticamente humanas.

Estos enormes desafíos requieren de personas competentes y capaces, que deberán desplegar habilidades que resultan imprescindibles para afrontarlos con la solvencia necesaria: 
  • El desarrollo de la visión: Habilidad que consiste en la capacidad de definir el camino al cual se dirige la nación a largo plazo y sirve de rumbo para orientar las decisiones estratégicas de crecimiento y de competitividad, y que es de gran relevancia para un político. Debe tener una idea de España, que constituye el horizonte sobre el que abordar la toma de decisiones. Construirá un proyecto a largo plazo que oriente y sirva de guía en la acción de gobierno.
  • Toma de decisiones: Habilidad entendida como la capacidad de dar soluciones a problemas detectados, emprendiendo las acciones correctoras con sentido común, sentido del coste e iniciativa. Un político debe tomar decisiones importantes y de gran transcendencia sobre las personas. Decisiones que muchas veces son controvertidas, discutidas, costosas y duras, pero que la acción de gobierno lo exige de forma continua. Un político con valor no se inclina exclusivamente por las decisiones fáciles, sino que afronta las decisiones comprometidas con rigor, análisis, competencia, sabiendo explicar las consecuencias.
  • Optimización de recursos: Considerada como la capacidad de vigilar la rentabilidad de las acciones y controlar los tiempos consumidos por subordinados en realizar tareas o proyectos, esta habilidad tiene en la actualidad una gran importancia, fundamentalmente por encontrarnos en un contexto de escasez de recursos a nivel nacional e internacional. El político debe priorizar el uso eficiente de sus siempre escasos recursos económicos, imprescindibles para una innumerable lista de actividades de gran transcendencia para los ciudadanos en particular y la sociedad en general.
  • Liderazgo: Habilidad de gran actualidad que implica la capacidad de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes. Para un político, el liderazgo puede ser ejercido desde muchas perspectivas. El liderazgo, un concepto poliédrico, para un político no debe limitarse a la capacidad de comunicar, sin despreciar la importancia que tiene en una sociedad tan mediatizada por los medios de comunicación. Otras caras de ese poliedro, estaría la capacidad de influir sobre otras personas. Me gusta la propuesta de Sonnenfeld que propone un liderazgo ético, que será la base de un nuevo modelo de liderazgo, basado en la sabiduría de decidir bien.
Como el líder, el político nace y se hace, por lo que el arte de gobernar a las personas puede aprenderse y perfeccionarse. Para ello el político requiere vocación, aunque lleve aparejada la ambición y la vanidad. También requiere fortaleza para saber estar en política, que le permitirá manejar adecuadamente la capacidad de negociación, la capacidad de aprender de todos y de todo, incluso del adversario político, y mucha inteligencia emocional, que le haga sortear las enormes dificultades que se encontrará en su acción de gobernar. Y todo ello, con integridad, que es la base de la honradez de las personas.


sábado, 21 de mayo de 2016

Soñar en grande



"No hay que tener límite para la grandeza, pero hay que concentrarse en lo pequeño"
San Ignacio de Loyola


El Padre Jorge, en la magnífica película de recoge la vida del Papa Francisco, dice en una de las escenas dirigiéndose a los jóvenes que "hay que tener una pasión en la vida", añadiendo a continuación la cita de San Ignacio que encabeza esta entrada: "No hay que tener límite para la grandeza, pero hay que concentrarse en lo pequeño". Que importante es soñar, ponerse metas, objetivos retadores, pero sin olvidar el hoy, el presente, la montaña que estas subiendo, sabiendo que cuando la corones, luego viene otra... Pienso que se trata de tener una actitud personal, Pilar Jericó habla de la fuerza de tu determinación, que te permite identificar un propósito de vida y dedicar el día a día a concretarlo. Esto hace renacer esa pasión que estaba relegada y promueve que la vida se viva de otra manera. Aparece la ilusión. 

Mi hijo Manuel me contaba recientemente que el Rector Mayor de las Escuelas Salesianas en su visita a Córdoba, terminaba el tradicional "Buenos días" salesiano  invitando a los jóvenes a "soñar en alto", a lo grande, a no ponerse límites. Encontrar sentido y finalidad en la vida, intentar desarrollar al máximo el potencial de tus fortalezas y capacidades, es un elemento fundamental para llegar a conseguir lo que anhelamos, lo que soñamos, lo que nos hace feliz.

Estas reflexiones del Papa Francisco y del Rector de Salesianos me permiten traer a colación una habilidad con la que está muy relacionada. Me estoy refiriendo a la habilidad de Desarrollo y estrategia personal, que se puede definir como la capacidad de evaluar con frecuencia y profundidad el propio comportamiento, reconociendo tanto los aciertos como los errores personales, desde una autocrítica permanente. Cuando nos conocemos bien a nosotros mismos, estaremos en disposición de aprovechar mejor nuestros esfuerzos, no decaer ante nuestros fracasos y manifestarnos comprensivos con los demás.

Todo esto me lleva a destacar una faceta a tener muy en cuenta: el autoconocimiento. Dice la cita bíblica que “aquellos que se conocen a sí mismos, son sabios” (Libro de los Proverbios). Por tanto, la sabiduría del “conócete a ti mismo” consiste en vernos tal como somos, sin doblez ni engaño, siendo sinceros con nosotros mismos. Para ello es necesario aprender a descubrir nuestra misión personal, a través del autoconocimiento y saber articular una estrategia firme y eficaz. Víctor Frankl, neurólogo austríaco, autor del extraordinario libro "El hombre en busca de sentido", afirma que “nuestra misión en la vida no la inventamos, sino que la detectamos: toda persona tiene su propia misión o vocación específicas en la vida… En ellas no puede ser reemplazada, ni su vida puede repetirse. De modo que, la tarea de cada uno, es tan única como su propia oportunidad específica para llevarla a cabo”. Por eso, el autoconocimiento nos hace percibir que cada vez que obramos porque nos apetece o porque nos resulta menos costoso en vez de inclinarnos por lo que es mejor, aumenta nuestra debilidad; mientras que cada vez que actuamos conforme a nuestros valores aunque no sea lo que más nos apetece, nos hacemos más fuertes.

El diseño de la propia estrategia profesional se erige así como en una especie de salvavidas, que cualquier persona deberá tener en reserva para superar las tormentas que más tarde o más temprano pero con certeza, pueden invadir sus territorios personales. Es imprescindible valorar adecuadamente  el diseño de la propia estrategia personal. Hay dos alternativas opuestas: ejercer el gobierno desde la propia trayectoria personal y profesional, o dejarse llevar por las circunstancias o deseos de los demás. Para ello es decisivo desarrollar una actitud necesaria para darse cuenta de que los logros de una vida llena de plenitud y felicidad no están relacionadas con el tener.

Mi reciente participación en la fabulosa prueba de los 101 KM 24H de la Legión en Ronda (la imagen de la entrada está tomada allí), me hace valorar aún más la importancia de que la determinación y el soñar en grande, te hace llegar más lejos. Una experiencia fantástica. Cuando uno lo da todo no debe haber cabida a la frustración, aunque no se termine la prueba. Ni aquellos que por segundos no entraron en el tiempo máximo (24 horas) ni aquellos otros que tuvieron que abandonar por cualquier motivo. La grandeza está en la entrega.

Soñar en grande hace que valoremos menos las palabras, que se las lleva el viento, y valoremos más los buenos hábitos que nos perfeccionan como personas. Para concluir, y siguiendo a Mario Alonso Puig, que resume magistralmente el sentido de soñar en grande:
“Lanza tu corazón que el resto lo seguirá. Pero no basta lanzar el corazón. Tienes que tener una estrategia. Un plan de acción. No has de buscar el plan de acción ideal. El mejor plan de acción es el que se ejecuta. Un plan de acción. Una descripción de lo que vas a hacer. Y actúa en pequeño. Poco a poco. Pero cada paso que des en tu vida, hazlo pensando que te va a llevar a tu sueño y verás como el futuro te elevará en el presente.”

domingo, 8 de mayo de 2016

Liderazgo invisible



"Solo se puede ver desde el corazón. Lo esencial permanece invisible para el ojo"
El principito. Antoine de Saint-Exupéry


La empresa actual se desarrolla en un contexto de gran incertidumbre y riesgo, a imagen de las sociedades en las que está inmersa, alcanzando niveles nunca vistos de complejidad y dinamismo. Las nuevas tecnologías de la información, que han democratizado enormemente el conocimiento, facilitan que esta realidad sea constantemente cambiante, generando que los modelos tradicionales de liderazgo, no resulten suficientes para responder a las necesidades de las organizaciones, y en última instancia, de los ciudadanos. La necesidad de adaptación y adecuación al cambio, hacen necesario sustituir esos modelos tradicionales de liderazgo, de forma que respondan a las inercias complejas que imperan en materia organizacional, basadas en menores niveles jerárquicos y mayor participación; por otros liderazgos más ajustados a una problemática diversa y compleja, en el que la capacidad de influenciar y desarrollar personas será la clave del aprendizaje organizacional. Tratar de esa capacidad es hablar de liderazgo, pero en esta ocasión me voy a centrar en otros liderazgos: el liderazgo invisible.

El liderazgo invisible se hace presente en las organizaciones, cuando el capital humano es reconocido como verdadero activo, brindándole las mejores herramientas para hacer frente a un entorno cambiante, y siempre incierto. El liderazgo invisible, es ante todo una realidad que la empresa actual debe saber alentar e impulsar en el necesario desarrollo del capital humano. El liderazgo invisible es aquel que no se ve, aquel que deja hacer. Que hace y deja que las cosas sucedan hacia el logro de objetivos que se  comparten y comprometen. La excelencia de un líder se mide por la capacidad de transformar dificultades en oportunidades, a través de la participación y el compromiso de todos. La experiencia personal y profesional, permite conocer a líderes invisibles, aquellos que han dejado huella, que han hecho profundizar y perfilar las cualidades que definen el presente, para mejorarlas en el futuro, líderes que manejan con una mano izquierda exquisita la habilidad de desarrollar personas.

Me gusta denominarlo liderazgo invisible, pues su característica diferenciadora es que se se trata de personas cuya presencia e influencia apenas se notan en las situaciones concretas que se viven en las empresas y organizaciones. Su liderazgo se basa en lo que hacen, y sobre todo, en el ejemplo y la integridad, que son señas de identidad de su comportamiento. Todos recordamos compañeros que han ejercido un liderazgo influyente, o familiares de los que hemos recibido grandes enseñanzas, o incluso recordamos a profesores inolvidables, tanto de la escuela básica, en el bachillerato o en la Universidad. Personas que han dejado una huella en nosotros gracias a su liderazgo invisible, su capacidad de hacer y de mostrar su saber: orientar a resultados, trabajar en equipo, liderar, cooperar, etc. 

Repasar los líderes invisibles que hemos conocido es probablemente identificar el liderazgo más exquisito:
  • Su presencia e influencia apenas se notan, pero actúan y hacen que otras hagan su trabajo queriendo. Una manera de influenciar que hace descubrir nuevos intereses y valores, y que hace crecer y desarrollar a las personas. 
  • Desarrolla lo mejor de las personas, gracias a un liderazgo especial.
  • Es liderazgo de autoridad moral y personal, no de poder formal.
En definitiva, el liderazgo invisible impulsa el crecimiento personal y recompensa con un salario emocional de gran importancia para las empresas, que es el que satisface a la persona, puesto que pone en valor nuestras mejores capacidades, y que ayuda a construir el mejor perfil de capacidades y habilidades para un desempeño eficaz de nuestras responsabilidades.

jueves, 10 de marzo de 2016

Gestión de personas: cuando el recurso se convierte en activo



”Nuestro trabajo consiste en sacar lo mejor de la gente que tenemos”
Fernando Trueba a Pep Guardiola
Conversaciones sobre el futuro (Banco Sabadell)


Las personas son el recurso mas valioso con el que cuentan las empresas. Se dice que el núcleo central del conjunto de activos intangibles de una organización, el denominado capital intelectual, lo constituyen las personas que conforman la empresa y los conocimientos, habilidades, valores, actitudes y competencias, que individual y colectivamente atesoran. A partir de aquí, es cuando una moderna gestión de personas es necesaria para desarrollar habilidades, originar nuevos conocimientos, fomentar la cohesión en los equipos de trabajo, generar liderazgos efectivos, etc., y, así poder transformar la capacidad, el conocimiento y la creatividad de las personas en resultados tangibles.

Si las personas son el activo más importante de las organizaciones, éstas deben fundamentar su actuación en el buen hacer de su capital humano. Un capital humano que ha de contar con un equipo directivo con las adecuadas habilidades de dirección de personas, que como afirman Ranieri y Fuchs (1995), pueda desarrollar una gestión eficiente de las estrategias de la organización, desplegando todo su potencial y su talento a través de las habilidades personales y directivas.

La gran diversidad de variables organizacionales e interpersonales que confluyen en el ámbito laboral, relacionadas con las valoraciones subjetivas que las personas pueden realizar sobre las características de su entorno de trabajo, así como de su implicación y desempeño laboral, hacen necesaria una indagación respecto a la influencia de las habilidades, directivas, interpersonales o personales, en aspectos sumamente relevantes, que hacen y convierten al capital humano en el principal y verdadero activo de la organización. De esta manera, las habilidades se configuran en verdaderas palancas organizacionales capaces de hacer movilizar enormes sinergias e influencias en el desarrollo y desempeño de la organización. Daft (2004) menciona que las habilidades humanas se vuelven cada vez más decisivas a medida que crecen la globalización, la diversidad de la fuerza de trabajo, la incertidumbre y la competencia por reclutar personas con conocimientos y habilidades especiales.

El creciente interés por las habilidades directivas, y habilidades en general, en el seno de las organizaciones es una prueba de que las empresas están cambiando su forma de entender el capital humano, en el sentido de que las personas que forman parte de una organización son realmente un activo principal que las organizaciones poseen y necesitan mantener y desarrollar. Esta situación, considerado un nuevo paradigma, reconoce que una fuente importante de conocimiento es la experiencia y el saber-hacer de los empleados, por lo cual se le debe conceder una atención estratégica a la función de recursos humanos.

Quero (2008) pone el acento en la formación de los directivos que, al frente de las organizaciones, son los responsables últimos de la formulación de las estrategias competitivas, que es el patrón de los principales objetivos, propósitos o metas, las políticas y planes esenciales para alcanzar los objetivos establecidos, qué actividades quiere desarrollar y la clase de empresa que es y quiere ser. Aaker (1989) aborda la gestión de activos y habilidades de una organización, vistos como un elemento clave en el desarrollo de una ventaja competitiva sostenible. Con estas premisas, una gestión estratégica entendida como el desarrollo y mantenimiento de los activos y competencias de la organización será determinante para convertir esos activos y habilidades en una ventaja competitiva. 

En consecuencia, se convierte en una función básica y principal del directivo, hacer realidad el axioma que da título a esta entrada, es decir, que el recurso se transforme en activo. Algo que hay que creérselo (Lynda Gratton, del London Business School, sí se lo cree cuando dice que “El capital humano ha sobrepasado al capital financiero y al capital tecnológico como la primera fuente de ventaja competitiva”), pero que requiere un enorme esfuerzo y determinación, decisiones consistentes, visión, estrategia y una determinada percepción de la persona humana, que como atinadamente afirma Íñigo Pirfano "Cualquier persona que haya de dirigir equipos tiene que conocer en profundidad el corazón humano".

martes, 22 de diciembre de 2015

Elogio de la responsabilidad



"La mejor victoria es aquella en la que todos ganan"
Salomón

Las elecciones generales del pasado 20 de diciembre han dejado un resultado inédito en la democracia española. Cuatro partidos, en lugar de dos, se reparten la mayor parte de los diputados. La mayoría absoluta queda lejos y la gobernabilidad de España sólo será posible a través del pacto y del acuerdo. Esta es una oportunidad que los españoles hemos dado para afianzar la madurez de nuestro sistema democrático. Efectivamente es una oportunidad para avanzar, para crecer y para construir un modelo de país más seguro y creíble. Si el interés general importa de verdad, ahora no hay excusas para mirar a otro lado. Es el momento de la responsabilidad.

La hora de la responsabilidad me lleva a elogiar una habilidad que será decisiva en esta hora histórica para España: la capacidad de negociación, que consiste en la capacidad para desarrollar un proceso de mutua comunicación encaminado a lograr un acercamiento de posturas o un acuerdo con otras personas que sea beneficioso para todos. William Ury considera que negociar es “un proceso de mutua comunicación encaminado a lograr un acuerdo con otro cuando hay intereses compartidos y opuestos”. Según Chester L. Karrass, los rasgos de un buen negociador pasarían por tener una serie de habilidades que en el momento actual son determinantes: habilidad para planificar, habilidad para pensar con claridad bajo tensión, inteligencia general práctica, habilidad verbal, conocimiento de la situación y del contexto, integridad personal y habilidad para percibir y explotar el poder.

La realidad es que todos hemos participado de alguna manera en lo que la capacidad de negociación supone. Hay quien dice que la negociación es el juego de la vida. Puesto que cada vez que se intenta conciliar diferencias, o resolver disputas, armonizar relaciones, efectuar una compra o una venta, lograr una mejora salarial, acordar un compromiso de entrega de un informe, etc., estamos entrando en el juego de la negociación. Por tanto la capacidad de negociación supone una habilidad para crear un ambiente propicio para la colaboración y lograr compromisos duraderos que fortalezcan la relación. Si negociar es la capacidad de dirigir y controlar una discusión utilizando técnicas, planificando alternativas para negociar los mejores acuerdos, estaremos de acuerdo que es lo que necesitamos urgentemente en la coyuntura presente. Negociar implica identificar las posiciones propias y ajenas, intercambiando concesiones y alcanzando acuerdos satisfactorios.

Con estas premisas, volviendo al resultado electoral, una conclusión parece cierta: los políticos están condenados a entenderse, a negociar. Ese arte de negociar implicará saber manejar adecuadamente las estrategias, las tácticas y las técnicas de negociación más adecuadas. Una situación hasta ahora inexistente y de la que sólo podemos poner ejemplos de otros países vecinos, especialmente el de Alemania, en los cuales han sabido solventar con éxito una paradoja similar. Y lejos de dramas y derrotismos, las dificultades son oportunidades para aprender, para salir de nuestra comodidad, la comodidad que da una mayoría absoluta o casi absoluta, que es a lo que estábamos acostumbrados en España. En este momento histórico, la responsabilidad exige Política con mayúsculas, demostrar la capacidad de negociar y hacer que la democracia funcione con todo su potencial. Negociar para entenderse, para ceder extremos, para buscar aquellos puntos comunes, a partir de los cuales construir acuerdos que apunten al interés general, que es el de las personas. Como el grano de trigo, morir para dar fruto. Ese morir es ceder, converger en materias y medidas que realcen a nuestro país, que mantengan a la población dentro de la esperanza y anulen los partidismos irracionales. Por eso, debemos esperar que la negociación política sea un verdadero elogio de la responsabilidad, en donde por el bien de España, se sienten con intención de escuchar y con voluntad de ceder, para crecer entre todos.

La situación no es fácil, resulta obvio reconocerlo, pero apelando a la responsabilidad, la Doctrina Social de la Iglesia nos ofrece la siguiente enseñanza que es de gran actualidad: "Quienes tienen responsabilidades políticas no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación, que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales. En esta perspectiva, una autoridad responsable significa también una autoridad ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio (paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad); una autoridad ejercida por personas capaces de asumir auténticamente como finalidad de su actuación el bien común y no el prestigio o el logro de ventajas personales".