Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Política y dirección



"La democracia necesita de la virtud, 
si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular"
Juan Pablo II
"La cualidad suprema del liderazgo es la integridad"
Dwight Eisenhower

Se suele decir que el liderazgo es la capacidad de transformar la visión en realidad. Por eso, ser líder no significa tener un cargo formal, es independiente de las estructuras formales. Gracias a sus capacidades de liderazgo, una persona puede acceder a puestos mas relevantes e importantes, por lo que la existencia de uno o varios líderes en las organizaciones y en la misma sociedad, es muy necesario al ser capaces de conseguir el esfuerzo extra por parte de sus subordinados, colaboradores o ciudadanos. El líder debe ser un guía, porque es fundamental para alcanzar objetivos y metas extraordinarias.

La reciente campaña electoral nos ha ofrecido una visión bastante clara de los diferentes liderazgos que desarrollan los cinco candidatos de las formaciones políticas que se presentaban a las Elecciones Generales del pasado 10 de noviembre. Resuelta la incógnita del resultado electoral, se puede hacer con más sosiego y tranquilidad un análisis de cada uno de esos liderazgos, sus estilos de comunicar y de persuadir a los ciudadanos. En esta ocasión, relaciono la política con los "saberes" de una dirección eficiente, pues las competencias necesarias para dirigir un país las encontramos en las que se utilizan para identificar a la dirección de una organización. Una vez más las técnicas del management son fuente de inspiración para otros muchos ámbitos y disciplinas, como por ejemplo, la política.

Dirigir no es tarea fácil, pero existen ingredientes básicos que contribuyen a un buen liderazgo, la habilidad por excelencia en el arte de dirigir. El proceso de formación de un gobierno solvente y competente requiere mucha habilidad de liderazgo y sobre todo mucha responsabilidad. España lo necesita urgentemente. A modo de decálogo, los "saberes" fundamentales para poner en marcha el gobierno competente que España precisa, pueden ser los siguientes:

  1. Saber gestionar expectativas y percepciones. Conociendo las expectativas de los ciudadanos se puede gobernar mejor gestionando e influyendo en sus percepciones, consiguiendo una mayor satisfacción e implicación política. Hacer valoraciones positivas sobre las aportaciones de los ciudadanos, reconociendo su creatividad e implicación, se convierte en un elemento determinante. 
  2. Saber asignar responsabilidades. A través de procesos de negociación y de un consenso nacional sobre Políticas de Estado que permitan un mayor compromiso de los agentes sociales, partidos políticos y Administraciones autonómicas y locales. La función del gobernante es empoderar a la sociedad civil porque su misión última es gestionar a través de otros, impulsando el avance de la sociedad.
  3. Saber exigir resultados. La lista de tareas pendientes para el próximo gobierno es muy importante, por lo que la obtención de logros visibles para la sociedad será misión fundamental. Exigir resultados implica valorar el trabajo que realizan los ciudadanos, y por tanto, saber reconocer y recompensar adecuadamente mediante medidas que vayan encaminadas en la mejora de su bienestar.
  4. Saber ayudar, facilitar y enseñar. La vocación de servicio forma parte de la actuación en el proceso de gobernar. Proporcionar formación y oportunidades mediante un marco económico y laboral adecuado, será una prioridad para el nuevo gobierno. Hacer hincapié en la capacidad de la sociedad civil para el emprendimiento y resolución de problemas en lugar de esperar la solución por el Estado.
  5. Saber comunicar. Una comunicación fluida y sincera hace accesible al Gobierno y le permitirá conectar, transmitir y orientar ideas, proyectos e ilusiones. Según Ferran Ramon-Cortés, las claves para una comunicación memorable es ofrecer un único gran mensaje, explicado de forma emotiva, con un lenguaje que conecte, teniendo en cuenta que el mensaje que cuenta es el capta la gente, invitando en lugar de intentando convencer. Y todo esto, siendo capaz de llegar a las emociones. El arte de la comunicación es el lenguaje de un gobierno líder, en el que la sociedad percibe la importancia de los programas de gobierno y cómo ésos se relacionan a sus propias prioridades. Debe lograr que los ciudadanos identifiquen claramente sus logros, para ello debe hacer llegar sus mensajes a los ciudadanos con claridad y contundencia.
  6. Saber persuadir. Para persuadir se requieren cualidades especiales para generar lealtad y compromiso en los ciudadanos. La persuasión y la influencia genera mejores resultados que el mando. El reto de dirigir es generar contextos creativos y estimulantes donde las personas puedan probarse, puedan retarse, puedan hacer realidad sus sueños, sus proyectos de vida. Será misión del Gobierno facilitarlos. Cuando los ciudadanos se enfrentan a la acción, es cuando demuestran que son capaces de hacerlo. La capacidad para persuadir es un arte, un don de gentes, que con carisma y elocuencia, afrontan el reto básico del liderazgo: conseguir que se haga algo a través de otras personas. La tarea de gobernar requiere una dosis importante de persuasión, necesaria para hacer que los ciudadanos se sientan ilusionados por un futuro mejor.
  7. Saber generar entusiasmo e ilusión. Se viven momentos de incertidumbre en España. Reforzar la idea de España pasa por generar un clima político y social adecuado en el que se trabaje con ilusión, energía y optimismo, la verdadera palanca para la consecución de objetivos.  España como proyecto común de convivencia será una prioridad del nuevo gobierno, imprescindible en un momento clave tras los acontecimientos secesionistas de Cataluña.
  8. Saber ser ejemplo. El comportamiento y las actitudes del gobernante son el espejo en el que se fijan los ciudadanos. La ejemplaridad es una competencia cada vez más valorada en el político actual, mas aún en los que tienen responsabilidades de gobierno. El buen político no debe exigir lo que no hace. Ya lo decía Miguel de Cervantes "el ejemplo es la más irresistible seducción".
  9. Saber crear equipo. Un gobierno para España es un gobierno para todos. Gobernar es hacer realidad la verdad de la sinergia: que el trabajo colectivo es mayor que la suma de las individualidades. Para ello es necesario crear en España el ambiente y espacio propicio como proyecto común, considerando su diversidad y complementariedad. Ya lo decía nuestro Rey, apelando a alimentar la maltrecha autoestima nacional, tan empobrecida durante tanto tiempo: “Tenemos capacidad y coraje de sobra. Tenemos el deseo y la voluntad y hemos de sumar la confianza en nosotros mismos. Esa es la clave de nuestra esperanza en el futuro, la clave para recuperar el orgullo de nuestra conciencia nacional.”
  10. Saber ser humilde. Frente al líder arrogante que hace valer su cargo (Potestas), aparece el líder humilde (Auctoritas) cuyo reconocimiento por los ciudadanos es el resultado de su trabajo, esfuerzo, constancia y modestia. Martin Serigman considera que la humildad en el líder se caracteriza por una conciencia profunda de sus habilidades (un gobierno preparado técnica y humanamente); por la capacidad de reconocer errores, deficiencias, límites (autocrítica permanente); por la apertura a nuevas ideas, sugerencias contradictorias (un gobierno atento a las aportaciones de la sociedad civil); por un enfoque no exclusivo sobre nosotros mismos (un gobierno que abandone el partidismo excluyente) y por la capacidad de apreciar la contribución de los demás (un gobierno abierto al acuerdo y al consenso con otros partidos).

lunes, 27 de mayo de 2019

La mayéutica de la política


"El camino más noble no es someter a los demás, sino perfeccionarse a uno mismo"
Sócrates

La mayéutica es el método aplicado por Sócrates a través del cual el maestro hace que el alumno, por medio de preguntas, descubra conocimientos. En el ámbito del coaching, que tan de moda se encuentra en la actualidad, la capacidad para realizar preguntas poderosas, preguntas retadoras, que hacen replantear objetivos, comportamientos y actitudes, modos de vida, es también la técnica principal de está habilidad directiva, considerada como un proceso de acompañamiento por el cual se toma conciencia sobre la situación actual para llegar a una situación deseada mediante un recorrido en el que hay que tomar compromisos, hacer planes de acción y superar obstáculos internos y externos. En otras disciplinas, Kant dijo que la pregunta "¿Qué debo hacer?" es una de las cuestiones centrales de la filosofía. En consecuencia, tanto en la mayéutica, en la filosofía como en el coaching, la pregunta es un instrumento clave para hacer progresar a la persona, ya sea alumno, trabajador o directivo. 

¿Y en la política? La actualidad política española, marcada por las recientes elecciones, ofrece una buena oportunidad para descubrir de qué manera ha servido para que los ciudadanos descubran nuevos conocimientos y realidades, comprendan mejor los retos que tienen planteados como sociedad y encuentren al político que ha servido y acompañado mejor. Políticos que fundamentan su actividad precisamente en su capacidad de proponer y de preguntar al ciudadano por lo verdaderamente importante, por lo que les interesa de verdad, de saber obtener lo mejor de la sociedad para plantear programas, retos y desafíos que la mejoren. El buen político que sabe realizar las preguntas adecuadas es conocedor de que su interlocutor, el ciudadano, es el que tiene las mejores respuestas para sus preguntas, que huye del dogmatismo, del adoctrinamiento, de los cantos de sirena y de las promesas fáciles que a muchos gusta escuchar. Por tanto, la mayéutica aplicada a la política consiste en una metodología que ayuda a fomentar en el ciudadano la creación de una actitud crítica ante los problemas reales de la sociedad, de contar con ciudadanos libres y comprometidos, propios de una democracia madura.

En el ámbito de la educación, se dice que la práctica de la mayéutica ha demostrado que lo razonado se aprende mejor que lo meramente memorizado. Por eso la principal función de la buena política no es dar respuestas a los ciudadanos, sino suscitar en ellos inquietudes y dudas, anhelos y deseos de mejorar, para que sean ciudadanos responsables y activos. Si algo caracteriza al buen político es la capacidad de plantear propuestas y soluciones a los problemas que tiene la sociedad, buscando siempre acciones eficaces para ejecutar. Esas propuestas son en el fondo preguntas a la ciudadanía. Las preguntas tratan de "iluminar" ciertas áreas o zonas desconocidas hasta el momento por la persona. Para lograr ese objetivo las preguntas ayudan a generar espacios de reflexión a partir de los cuales saldrán las respuestas y acciones necesarias. A través de las preguntas el político compromete al ciudadano a conectar temas, a elaborar respuestas, a recordar conceptos, a actualizar experiencias o a calcular consecuencias. El ciudadano se ve obligado a elaborar respuestas que implican una reflexión y una reestructuración de sus conceptos y sus valores. La profundidad de las preguntas ayuda a ampliar los espacios de reflexión y a generar una nueva mirada, una nueva perspectiva que lo impulsará a tomar acciones beneficiosas para la sociedad. Esa reflexión hace que su aprendizaje sea significativo y tenga sentido.

En el método socrático el maestro no inculca al alumno el conocimiento, por considerar que su mente no es un cajón vacío en el que se puedan depositar diferentes materias; por el contrario, es el alumno quien extrae de sí mismo el conocimiento. De igual forma, mediante preguntas, el buen político ayuda a que aflore el saber en el ciudadano mediante respuestas responsables, pretendiendo que el ciudadano cobre conciencia de su situación personal y de la sociedad en la que vive, para así aprender a tomar decisiones consistentes, votando responsablemente y participando socialmente.

No estaría mal que la famosa frase de Sócrates que se grabó en el frontón del templo de Delfos: "Conócete a ti mismo" deba estar presente en cada uno de los ciudadanos, para así tratar de afanarse en el descubrimiento de la verdad interna en sincero diálogo (y no sólo cada cuatro años) con los políticos que les representan. Frente a tanta disputa estéril en la política, reivindiquemos un diálogo auténtico, un debate (disputatio, según Aristóteles) que no era aquel por el que uno humillaba al otro, sino que fruto del debate, ahora tan importante por la necesidad de pactos, afloraba una única verdad conforme a ambas posturas que beneficie a todos.

sábado, 2 de febrero de 2019

El político eficaz



"La vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti"

Adolfo Suárez


El político es en la actualidad una pieza clave en el diseño y ejecución de las políticas públicas. Más allá de su rol como impulsor entre directivos públicos, trabajadores públicos y ciudadanía, el político influye, a través de sus decisiones y acciones, en los objetivos de las organizaciones que dirige. El político lidera la selección de programas, de objetivos y alinea valores, y es clave para superar las inherentes complejidades del sector público. Ciertamente, el liderazgo del político será un factor clave para el éxito organizativo, la efectividad y el desempeño de cada administración pública.

La relación entre liderazgo y dirección inicia sus pasos en el sector privado, basándose en los rasgos psicológicos y personales del líder: logros, energía, ambición, tenacidad, autoconfianza, creatividad o flexibilidad. Posteriormente ha tenido un amplio desarrollo en diferentes teorías o modelos del liderazgo. En cambio, en la gestión pública existe un cierto subdesarrollo de esta disciplina, vinculado tanto al debate normativo sobre el rol del directivo público como a las dificultades técnicas para el estudio del liderazgo.

El político eficaz en un alegato a favor de un liderazgo ético en el que las personas ocupan un lugar preferente en la política. Las personas son la base de un país, de las empresas, de los equipos, de las decisiones, de los proyectos. Es una apuesta por definir un modelo de político exigente en los resultados pero comprometido con las personas que los posibilitan. Ciertamente, el ser humano es lo más valioso que tiene cualquier organización, pero también lo más complicado de dirigir. Esta afirmación, encierra todo un mensaje de por donde debe transitar la gestión, el desempeño de un gestor, ya sea político o directivo. Es decir, una gestión que se fija en las personas para poder liderar un proyecto ilusionante, compartido entre todo el equipo de colaboradores, pero a la vez, una gestión que no se esconde ante la dificultad de dirigir personas para alcanzar proyectos ambiciosos.

Si se pudiera inventariar los elementos que configuran el perfil de un buen político y gestor, se trataría de una radiografía de cuáles deben ser las actitudes y aptitudes que debe poseer un político si quiere conseguir que su gestión pueda llegar a ser eficaz. Estos elementos constituyen todo un plan de acción para el que quiera afrontar la difícil tarea de ser un político eficaz. Son todo un conjunto de habilidades, virtudes y fortalezas. El político eficaz está permanentemente tomando decisiones para cumplir con sus objetivos. Por tanto, es la toma de decisiones la actividad que mejor define la función política, y en la que se involucran necesariamente a las personas. En este sentido, la tarea del político eficaz está identificada con los cuatro elementos siguientes:
  • Generador de decisiones: su responsabilidad radica en que debe tomar las decisiones adecuadas mediante el empleo de técnicas y la aplicación de los criterios necesarios para alcanzar los objetivos propuestos.
  • Gestión de personas: su responsabilidad es lograr que las personas a él encomendadas hagan lo que tienen que hacer, en el momento en que lo tienen que hacer y de la manera como se debe hacer.
  • Coordinador de procesos: su responsabilidad es que las diferentes áreas funcionales se ensamblen de tal manera que se obtenga una unidad coherente y orientada hacia un objetivo común.
  • Visión fuerte y convincente: el desarrollo de la visión es una de las habilidades más importantes en el político, que conoce el rumbo que quiere seguir, que tiene proyecto. Los políticos con visión son personas de ideas y forjadores de conceptos.
Como conclusión, frente a la tendencia de la política que trata de privilegiar logros y realizaciones, en conceder mayor valor a aquello que ha conseguido que a la manera de hacerlo, el político eficaz alcanzará el éxito cuando encuentre el equilibrio entre la eficacia de los resultados y la calidad de la gestión y optimización de los recursos, a través del despliegue de todo un inventario de habilidades, actitudes y fortalezas personales. En consecuencia, se puede decir que para ser un buen político, un político eficaz, es, en parte ciencia y en parte arte.

Liderazgo, preparación técnica, ejemplaridad, motivación, sacrificio, capacidad de negociación, integridad personal, visión, etc. El buen político no nace, sino que se hace. El buen político raramente sale de "fábrica" con las virtudes que harán de él un político ideal. Será aconsejable, imprescindible en determinadas responsabilidades, acumular una trayectoria profesional de éxito como directivo de empresas, lo que le permitirá no concebir la política como una profesión sino como un verdadero paréntesis profesional de servicio público y vocación al bien común, en el que tomar decisiones difíciles será la norma y la horma del político eficaz, frente a las decisiones fáciles y cómodas, propia de otros políticos que no merecen tal responsabilidad.

miércoles, 2 de enero de 2019

Política de etiquetas



En la España actual, tan moderna y a la vez tan amante de sus tradiciones y costumbres, se ha hecho habitual un método de discusión que remplaza a los argumentos y al debate por los ataques personales y la apelación a la etiqueta política: progresista, conservador, derecha, izquierda, etc. En su raíz está la misma filosofía usada por sistemas no democráticos para etiquetar a las personas como enemigos del sistema y lo políticamente correcto, y así movilizar y condicionar a los ciudadanos en una determinada línea de pensamiento.

El cambio político en Andalucía y la incertidumbre y dependencia de apoyos imposibles en el Gobierno de España son algunos de los elementos de más relevancia en la actualidad. Los resultados de las últimas elecciones andaluzas han permitido que se reactivarán aún más el uso de etiquetas para calificar a determinadas formaciones políticas o a sus votantes.

Las etiquetas constituyen un recurso mental y dialéctico, que la Real Academia de Lengua Española lo define como «una calificación estereotipada y simplificadora», una forma de buscar explicaciones básicas cuando una persona no responde ante una situación como creemos que debería. En política, el recurso a las etiquetas lleva a simplificar las ideologías a extrema derecha, derecha, centro, izquierda o extrema izquierda, o bien hablar de conservadores y progresistas. Y todos sabemos que la realidad es mucho más compleja, pero se cae con frecuencia, sin el más mínimo rubor, en lo estereotipado y simplificado.

Los partidos políticos y los medios de comunicación tratan de menoscabar la reputación de otros con expresiones que repiten hasta la saciedad para que calen y se asienten como etiquetas peyorativas o descalificadoras. Tratan de generalizar esas etiquetas, de arraigarlas en la conversación colectiva, hasta que el ciudadano las asume y considere normales. Además de las etiquetas se recurre a otros calificativos que implican connotaciones despectivas, con clichés y tópicos, para asociarlos al significado de la etiqueta. Ese recurso a desgastar y criticar al rival puede provocar en la ciudadanía el desafecto a la política, el hartazgo y en definitiva, la abstención. 

No obstante,  las personas, los partidos, las ideas, son mucho más que etiquetas. Y la mejor manera de combatirlas es la de recurrir al rigor mental, la precisión conceptual y la integridad. Las etiquetas, en definitiva, se basan en prejuicios o tópicos muchas veces vacíos de contenido y fundamento. Que cierto aquello de que las palabras que no van seguidas de hechos no valen nada. Y las etiquetas sin base suelen acabar en la nada, pues atentan contra la inteligencia de las personas.

Por ello, frente a tanta etiqueta, bien estaría en recordar a Ortega y Gasset, cuando refiriéndose a la política aseveraba que "ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral". El autor critica que el situarse en bandos, más o menos extremos, como una manera de pensar contraria a la otra, impide observar y aprender los puntos buenos y los valores positivos del otro supuesto bando. Frente a la política de etiquetas, tópicos y monsergas mediáticas, se necesita más capacidad de diálogo, más empatía y en consecuencia, tratar con respeto a las personas y sus opiniones. Es lo más básico en democracia. Ciertamente, la política no se encuentra en sus mejores momentos, y la respuesta en todos sus actores, políticos y ciudadanos, no puede ser otra que liderazgo en las ideas, responsabilidad y sensatez en la toma de decisiones y eficacia en la gestión.

miércoles, 15 de junio de 2016

Crecer para repartir



"Cuanto mayores niveles de complejidad organizativa y funcional alcanza el sistema económico-financiero mundial, tanto más prioritaria se presenta la tarea de regular dichos procesos, orientándolos a la consecución del bien común de la familia humana"
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia




En plena campaña electoral, cuando lo peor de la crisis se ha superado (los datos del primer trimestre de 2016 ofrecen tasas de crecimiento económico del 3,4%, que mantienen la senda claramente expansiva de la economía española iniciada en 2014 y confirmada en 2015, con una alza del PIB del 3,2%), es oportuno reflexionar y contribuir de forma constructiva al debate de ideas. Un debate que en esta ocasión lo centraré en torno al modelo económico que necesita España para hacer frente a  importantes retos a corto, medio y largo plazo.

Lo cierto es que los grandes modelos económicos imperantes, el socialismo y el capitalismo, han tenido a lo largo de décadas, numerosos ejemplos, aplicados por los diferentes gobiernos en diferentes países, de éxitos y fracasos. Ambos modelos aportan elementos que lo hacen atractivo para ser defendido por grandes colectivos sociales como el más adecuado para garantizar un mayor bienestar a la sociedad. Efectivamente, y se puede ver en el contexto actual de incertidumbre política, la economía es el núcleo central de las diferentes opciones políticas, puesto que desde la política se define como se ha de crear y repartir la riqueza generada por el trabajo. Simplificando se puede decir que el capitalismo se centra en la creación de riqueza, mientras que el socialismo se ha centrado históricamente en su reparto. Es decir, el crecimiento económico se convierte en el foco de atención sobre el que se articula todo el esfuerzo político.

Inmersos en el siglo XXI, parecen superados antagonismos de antaño, por lo que resulta determinante poner el foco en la capacidad de crear, de crecer, de generar riqueza, que sirva de base para aplicar una política social que compense desigualdades y desequilibrios. Si algo se ha aprendido con la crisis económica sufrida, tan grave, profunda y larga, es que el Estado del Bienestar construido a lo largo de décadas necesita recursos para garantizar una financiación adecuada a los servicios públicos demandados por unos ciudadanos cada vez más exigentes, en términos de calidad y transparencia. Esta premisa hace que las opciones de política económica deban tener como objetivo la capacidad de crecimiento económico, lo que implica poner en valor una estrategia de fomento de los emprendedores y la iniciativa empresarial. Si como ciudadanos queremos un Estado del Bienestar que garantice unos servicios sociales de calidad, es preciso generar ingresos públicos suficientes. O dicho de otra forma, si queremos repartir riqueza, antes hay que crearla, para lo cual una estrategia fundamental pasa por reconocer, incentivar y premiar el esfuerzo de los emprendedores como creadores de riqueza.

En un momento decisivo para la política española, la economía debe apostar por opciones claras y seguras, minimizar incertidumbres que frenen inversiones y, por tanto, crecimiento económico. Los riesgos de ser vulnerable a la desaceleración de la economía mundial son importantes, por lo que cobra especial importancia tener las tareas internas y propias bien hechas. Necesitamos crecer porque necesitamos repartir.

sábado, 28 de mayo de 2016

Política para gobernar




"El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio"
Papa Francisco


A principios de año escribía refiriéndome a la necesidad de acuerdo entre los partidos políticos, como la conclusión más evidente que ofrecía el resultado de las elecciones generales celebradas el pasado 20 de diciembre. Desgraciadamente mis anhelos y deseos de ver cómo la madurez de la democracia española producía un acuerdo de gobierno, no se vieron cumplidos. 

Ahora, la partida se repite, unas nuevas elecciones ofrecen una nueva oportunidad para la responsabilidad. El prof. Pérez Alcalá se refería recientemente al aburrimiento de la política española, que ofrecía las mismas caras y políticas. Yo creo que al margen de aburrimientos, que también, la política es una función muy noble y de muy alta consideración como para hacerla reducir a las personas  y partidos que la representan. La política es un arte que requiere rigor y preparación, principios, valores y una gran capacidad de servicio. Requiere personas comprometidas y competentes.

La política actual no está ajena a la influencia de una sociedad en constante transformación. Problemas de gran complejidad requieren decisiones consistentes y audaces en muchos ámbitos: actividad económica, emprendimiento, desempleo, servicios sociales, sanidad, educación, etc. La complejidad de la sociedad, que demanda servicios públicos eficaces, requiere de los políticos un uso eficiente de los recursos económicos disponibles, que son siempre escasos.

Una sociedad sometida a grandes desafíos: de tipo social, como la marginación de colectivos que no pueden acceder a un trabajo; de tipo económico, como el desempleo y la falta de oportunidades para afrontar un proyecto de vida; de tipo territorial, como los generados por un nacionalismo radical, que reniegan de España, etc. Para hacer frente a dichos desafíos, la política deberá promover una actividad económica basada en un orden moral que ayude a comprender y a respetar el ser humano; a comprender la realidad y aportar soluciones y respuestas a los graves problemas socioeconómicos que tiene la sociedad actual; a reconocer la necesidad de que la vida económica y social se apoye en la verdad del ser humano y en su dignidad, y a valorar las diversas propuestas éticas que inciden en la vida económica aportando relaciones auténticamente humanas.

Estos enormes desafíos requieren de personas competentes y capaces, que deberán desplegar habilidades que resultan imprescindibles para afrontarlos con la solvencia necesaria: 
  • El desarrollo de la visiónHabilidad que consiste en la capacidad de definir el camino al cual se dirige la nación a largo plazo y sirve de rumbo para orientar las decisiones estratégicas de crecimiento y de competitividad, y que es de gran relevancia para un político. Debe tener una idea de España, que constituye el horizonte sobre el que abordar la toma de decisiones. Construirá un proyecto a largo plazo que oriente y sirva de guía en la acción de gobierno.
  • Toma de decisiones: Habilidad entendida como la capacidad de dar soluciones a problemas detectados, emprendiendo las acciones correctoras con sentido común, sentido del coste e iniciativa. Un político debe tomar decisiones importantes y de gran transcendencia sobre las personas. Decisiones que muchas veces son controvertidas, discutidas, costosas y duras, pero que la acción de gobierno lo exige de forma continua. Un político con valor no se inclina exclusivamente por las decisiones fáciles, sino que afronta las decisiones comprometidas con rigor, análisis, competencia, sabiendo explicar las consecuencias.
  • Optimización de recursos: Considerada como la capacidad de vigilar la rentabilidad de las acciones y controlar los tiempos consumidos por subordinados en realizar tareas o proyectos, esta habilidad tiene en la actualidad una gran importancia, fundamentalmente por encontrarnos en un contexto de escasez de recursos a nivel nacional e internacional. El político debe priorizar el uso eficiente de sus siempre escasos recursos económicos, imprescindibles para una innumerable lista de actividades de gran transcendencia para los ciudadanos en particular y la sociedad en general.
  • Liderazgo: Habilidad de gran actualidad que implica la capacidad de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes. Para un político, el liderazgo puede ser ejercido desde muchas perspectivas. El liderazgo, un concepto poliédrico, para un político no debe limitarse a la capacidad de comunicar, sin despreciar la importancia que tiene en una sociedad tan mediatizada por los medios de comunicación. Otras caras de ese poliedro, estaría la capacidad de influir sobre otras personas. Me gusta la propuesta de Sonnenfeld que propone un liderazgo ético, que será la base de un nuevo modelo de liderazgo, basado en la sabiduría de decidir bien.
Como el líder, el político nace y se hace, por lo que el arte de gobernar a las personas puede aprenderse y perfeccionarse. Para ello el político requiere vocación, aunque lleve aparejada la ambición y la vanidad. También requiere fortaleza para saber estar en política, que le permitirá manejar adecuadamente la capacidad de negociación, la capacidad de aprender de todos y de todo, incluso del adversario político, y mucha inteligencia emocional, que le haga sortear las enormes dificultades que se encontrará en su acción de gobernar. Y todo ello, con integridad, que es la base de la honradez de las personas.